«Yo soy una manipuladora, escribo para seducir porque en la vida real me da pereza»

La escritora castellano-manchega Clara Sánchez estará hoy en Logroño./JORDI ALEMANY
La escritora castellano-manchega Clara Sánchez estará hoy en Logroño. / JORDI ALEMANY

La escritora alcarreña habla hoy en el Aula de cultura de Diario LA RIOJA y a UNIR

Marcelino Izquierdo
MARCELINO IZQUIERDOLogroño

El amor y otras herramientas de manipulación. Estas son las claves, las obsesiones sobre las que nacen, crecen y se desarrollan las novelas de Clara Sánchez. Si en su anterior libro, 'Entra en mi vida', la autora alcarreña recreaba el drama de los niños robados, en su última obra, titulada 'El amante silencioso', se sumerge en el proceloso océano de las sectas. La escritora estará hoy en el Aula de Cultura de Diario LA RIOJA y la UNIR.

-De los niños robados a las sectas, de la España contemporánea a la exótica Kenia.

-En la novela 'Entra en mi vida' abordé el drama de los niños robados, que nos conmocionó a todos y en plena democracia. Me sirvió, también, para hablar de algo que a mí me importa mucho, como es la familia, ese núcleo donde uno comienza a sentir las primeras emociones. Ya en la infancia, la familia te modela el carácter, la visión del mundo, la empatía con los demás... El hecho de que alguien se entere de que esa familia que lo ha cuidado cuando estaba enfermo, que lo ha llevado al colegio y, en realidad, lo ha comprado, me parecía una gran oportunidad para hablar de todas estas relaciones sentimentales que pueden llegar a ser vampíricas. La falta de sinceridad dentro de la familia, y más a ese nivel, es un gran fraude. Fue una oportunidad de hablar de la familia como una maquinaria de manipulación, para bien o para mal. Esa misma manipulación la he llevado a un caso extremo con las sectas en mi último libro, 'El amante silencioso'.

-Háblenos de 'El amante silencioso'.

-La novela se centra en dos personajes: Isabel, una chica joven e inexperta que tiene que ir al rescate de Ezequiel, también joven e inexperto, que ha sido captado por una secta en África. Isabel emprende en Kenia una aventura trepidante, con la misión de infiltrarse en esa secta y de recuperar psicológicamente a Ezequiel, muy debilitado tras un fracaso sentimental. La protagonista se va a enfrentar, además de a muchos y complicados obstáculos, con la dificultar añadida de tener que salvar a alguien de sí mismo.

-¿Por qué Kenia para hablar de sectas y de manipulación?

-Porque es un lugar lejano, con otros valores, con otros parámetros, con otras formas de mirar la realidad, y desde allí los personajes valoran lo que es su mundo y su vida desde otras perspectivas diferentes. Es precisamente en África donde Isabel comienza a descubrirse a sí misma.

-Manipuladores y manipulados suelen intercambiar sus papeles muy a menudo, ¿no?

-Por supuesto. La línea peligrosa se traspasa cuando uno no se da cuenta de que está siendo manipulado. Nosotros nos pasamos todo el día tratando de convencer a alguien de algo y, a la vez, ese alguien están trata de convencernos a nosotros. Cuando lo sabes y te das cuenta, tienes capacidad de reacción. El problema llega cuando te encuentras en un estado tan dependiente que no sabes que estás siendo manipulado; crees que disfrutas del séptimo cielo y, en realidad, eres absolutamente dependiente.

-El amor es otra de sus fijaciones.

-El amor es como un superpoder que se nos ha dado, es como la capacidad de volar, de traspasar paredes. La capacidad que tenemos de llegar al corazón de otra persona nos da la posibilidad de hacer con esa persona lo que queramos, y al revés. La manipulación, la dependencia, cuando más jugosa se vuelve y más rentable es cuando se origina a través de los sentimientos, de las emociones y, sobre todo, del amor con todas sus variantes.

-¿Ha potenciado la globalización la capacidad de manipular de forma colectiva?

-Vivimos como en una gran secta, dividida en pequeñas sectas, donde la manipulación está liderada por los poderes económicos. No sabemos de qué forma están jugando con nosotros y, sin embargo, no tenemos más remedio que estar sometidos a sus leyes. No podemos vivir sin dinero y sin trabajo. Tampoco podemos olvidar los poderes políticos. Pero la más sensible, la que realmente nos puede hacer más dependientes, es la manipulación que viene a través de nuestras relaciones sentimentales, la familia.

-¿Le infunde pesimismo lo desnudo que se halla el ser humano ante la manipulación constante?

-No, en absoluto. La manipulación es una capacidad que las personas tenemos. Si no seríamos robots. Sonreímos, estamos serios, gesticulamos, ponemos nuestra mejor voz o no; depende de cómo queremos impactar a quien se encuentra enfrente. Somos seductores. Al final es un juego humano, que parece tremendamente interesante y rico, con el que se pueden hacer cosas buenísimas en la vida u otras mucho más perversas. Me atrae, y mucho, esta capacidad del ser humano porque nos hace muy ricos.

-¿Manipulan también los escritores? ¿Se siente aludida?

-Yo soy una manipuladora, escribo para seducir porque en la vida real me da pereza, soy muy vaga para hacerlo.

Una autora premiada con los principales galardones literarios

Dentro del Aula de Cultura de La Rioja, que organiza Diario LA RIOJA con la colaboración de la UNIR, la escritora Clara Sánchez conversará hoy en profundidad con el también escritor Andrés Pascual sobre 'De los niños robados a las sectas', en el Salón de Actos del Centro Ibercaja La Rioja, en la calle Portales (20 h.). Aprovechará también la autora alcarreña para presentar su última novela, 'El amante silencioso'. La infancia de Clara Sánchez (Guadalajara, 1955) discurrió en Valencia, aunque acabó estableciéndose en Madrid. Tras desempeñar otros trabajos, ejercicio la docencia en la universidad y participó en distintos medios de comunicación. En 1989 publicó la novela 'Piedras preciosas', a la que siguieron 'Últimas noticias del paraíso' o 'Presentimientos', llevada al cine por el director riojano Santiago Tabernero. Ha sido galardonada con los principales premios literarios: el Alfaguara, el Nadal y el Planeta