Magia y armonía mediterránea

'La punta Saint-Pierre en Saint-Tropez', de Théo van Rysselberghe./
'La punta Saint-Pierre en Saint-Tropez', de Théo van Rysselberghe.

Picasso y Matisse son los astros más brillantes de la constelación de genios y obras maestras que reúne la Fundación Mapfre

MIGUEL LORENCI MADRID.

El Mediterráneo fue un poderoso y mágico imán para artistas de muy diferentes estilos, sensibilidades, ambiciones y latitudes. Impresionistas, fauves, cubistas, puntillistas o expresionistas encontraron en sus riberas y sus aguas un motivo de «armonía, un camino de cambio y de celebración de la pintura y de la vida». Lo cree así Pablo Jiménez Burillo, director cultural de la Fundación Mapfre, que reúne en sus salas de Madrid una apabullante constelación de genios en la que brillan Picasso y Matisse. Son los más refulgentes soles de una luminosa muestra que explora el papel del 'mare nostrum' como raíz de la identidad europea y motor de la modernidad.

Junto a la francesa Marie-Paule Vial, Jiménez Burillo es comisario de 'Redescubriendo el Mediterráneo', en cartel hasta el próximo 13 de enero. Una exposición cuajada de genio que explora la intensa, mágica y fructífera atracción del Mediterráneo y su papel como llave de la modernidad en la pintura. Reúne 138 pinturas y esculturas, muchas de ellas piezas maestras, firmadas por 41 artistas y prestadas por más de setenta instituciones y colecciones privadas. Matisse y Picasso son sus grandes protagonistas, pero hay piezas extraordinarias de Monet, Cézanne, Renoir, Van Gogh, Braque, Bonnard, Sorolla, Dalí, Pinazo, Mir, Sunyer, Torres García, Anglada i Camarasa, Togores, Signac, De Chirico, Julio González, Carlo Carrà y un inacabable etcétera.

La muestra constata cómo en un redescubrimiento que no fue solo plástico y estético, el Mediterráneo inspiró a creadores de Francia, España o Italia. «Es una demostración de lo mejor que puede hacer el ser humano en armonía con la naturaleza; del mágico entusiasmo que género el Mediterráneo en los artistas y de la pureza, la autenticidad y la energía con las que lo reflejan, además de constatar cómo juegan un papel decisivo en la modernidad de la pintura», apunta Pablo Jiménez.

En esa abrumadora nómina de artistas brillan Picasso y Matisse, quienes «incorporan mejor que nadie esa luz y ese espíritu». «No se puede hablar del arte del siglo XX sin ellos», dice el comisario de dos genios que se instalaron en la Costa Azul, al sur de Francia. A poca distancia uno del otro, «se visitaban, se admiraban y se vigilaban». Matisse se instaló en Saint-Tropez y Picasso en La Californie, cerca de Cannes. «Los dos representan el Mediterráneo con una ventana con palmeras», destaca Pablo Jiménez, que ha logrado reunir una decena de pinturas de cada artista y que demuestra cómo «ese entusiasmo mediterráneo por la pintura se mantiene cuadro a cuadro».

«El Mediterráneo aparece en toda la muestra como una seña de identidad europea; está en la raíz de su cultura y de unos artistas que escriben una de las páginas más brillantes de la historia del arte del siglo XX. Una época que revisa una exposición que une a algunos creadores que nunca se conocieron y que, en la mayoría de los casos, retornaron a la tradición para llevarla a la modernidad», añade.

La muestra cuenta también cómo «huyendo del mundo moderno e invivible de las grandes ciudades, los artistas buscan de nuevo el paraíso y el equilibrio entre la modernidad y el clasicismo», según plantea Jiménez. «Expresan la alegría de vivir y de pintar con colores puros y luces transparentes en una inusual época de paz alegría y armonía», resume el comisario. «En un mundo auténtico, no falsificado, reflejan una forma de gozar de la vida y de la pintura: el sueño de la armonía, el nuevo paraíso», agrega. Y es que todos buscaron, y casi siempre hallaron en Mediterráneo, un «paraíso estético» que hoy ha perdido su bucolismo, con riberas masificas y convertido en la tumba de los miles de seres humanos que surcan sus aguas en condiciones miserables en busca del paraíso económico.

 

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