La esperanza en lo más humilde
El relato de Vuong bucea en lo más bajo de la sociedad norteamericana
Luis Ángel Adán León
Sábado, 8 de noviembre 2025, 11:01
Que un escritor se declare budista es una extrañeza, uno lo relaciona normalmente con artistas de cine que tienen la vida solucionada. Que haga de ... esa creencia la clave de sus obras parece increíble, pero aquí está Ocean Vuong para romper tópicos. De familia fruto de la guerra del Vietnam, pues su abuelo era soldado norteamericano y su abuela vietnamita. Se crió en circunstancias difíciles pero, a base de becas de las que se ha cargado Trump, consiguió estudiar y ganar el premio de poesía T. S. Eliot, probablemente el más importante de EE UU, a los 29 años. De ahí pasó a la novela y ésta es la segunda.
Como budista escribe sobre la fragilidad y la esperanza, el dolor y la redención y, sobre todo, acerca de la bondad. Es un relato de inspiración dickensiana que bucea en lo más bajo de la sociedad norteamericana. Lo cual puede hacernos pensar que se deja llevar por lo sentimentaloide pero tiene la capacidad de buscar la comicidad y la ironía en cuanto se acerca a ese precipicio, que no sé yo si es muy budista.
El fracaso del sueño americano en una segunda generación de emigrantes junta a un joven de origen vietnamita al borde del suicidio con una anciana lituana de ochenta que vive sola acosada por el alzheimer. Él encuentra refugio en su casa decrépita y ella, ayuda para sobrevivir. Ambos comparten en conversaciones surrealistas sus vidas. Ella, su supervivencia a la post-guerra mundial y el estalinismo. Él, la imposibilidad de alcanzar el sueño de riqueza y triunfo que les vendieron a los emigrantes.
Para poder aportar alimentos a esa extraña relación, él comienza a trabajar en un restaurante de comida rápida con pretensiones y allí encuentra a su verdadera familia, entre los detritus del sistema, seres curtidos en el fracaso, siempre cansados y cabreados. Allí desarrolla una ética del trabajo que no tiene nada de protestante y encuentra confort. Pero estalla la crisis de los opioides y todo se revoluciona. Esa puede ser la parte más budista. La que muestra la comprensión de los seres masacrados por esa enfermedad. Su fragilidad y su moral.
Así contada parecería una novela realista sobre los pobres norteamericanos. Pero todo está envuelto en un lenguaje y sensibilidad que la hacen deliciosa de leer. Sólo las primeras páginas, en las que describe la ciudad (Alegría) abandonada a su suerte por la que transita el protagonista, valen un premio de poesía. Agradable sorpresa.
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