LIARLA PARDA

LIARLA  PARDA

ANTON MERIKAETXEBARRIA

Chirría por momentos una parodia tan despendolada como 'Matar a Dios', realizada en comandita por los iconoclastas cineastas Caye Casas y Albert Pintó, autores en su momento de los cortometrajes 'Nada S. A.' y 'RIP'. Ya en su día, el genial filósofo alemán Friedrich Nietzsche, visionario de las profundidades del alma humana, afirmó de forma tajante: «¿No oímos todavía el ruido de los sepultureros que entierran a Dios? ¿No nos llega todavía ningún olor de la putrefacción divina? ¡Dios ha muerto! ¡Y nosotros lo hemos enterrado!».

La cinta que hoy nos ocupa se centra en los rifirrafes que se producen en el seno de una peculiar familia, durante la cena de fin de año, aliñada con la presencia de un enano vagabundo que asegura ser Dios redivivo. A partir de ahí, el tinglado toma un rumbo tan disparatado que es capaz de volver tarumba al espectador más predispuesto a este tipo de sátiras. Porque, con esta original pero efectista 'ópera prima', estamos ante una cinta pasada de vueltas en todos los sentidos, resuelta mediante una escenografía chocante, unos diálogos de doble filo, una fotografía chillona y un histriónico reparto, con lo cual es fácil adivinar el resultado final.

Un humor más negro que el carbón es otro de los elementos fundamentales de 'Matar a Dios', conforme los personajes se enzarzan en la tira de enfrentamientos, catalizados por esa presencia extrema que, como una especie de 'deus ex machina', pretende resolver los entuertos afectivos en los que se ven envueltos. Sin embargo, lo único que consigue es liarla parda, con lo cual la cinta se despeña por los abismos de lo estrambótico. Y, si bien es forzoso reconocer lo arriesgado de la propuesta, el surrealista desarrollo argumental no termina de funcionar. Máxime teniendo en cuenta que, sin ir más lejos, carece del impacto que causó la película de José Luis Cuerda 'Amanece, que no es poco' (1988).

 

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