Leonor quería cambiar de vida tras 30 años con su asesino

El entorno de la víctima asegura que él tenía arranques de ira y que sus cambios de humor alejaron a la pareja de los grupos de amigos

IVÁN GELIBTER

Málaga. La vida de Leonor, hasta que este sábado le fue arrebatada presuntamente por su expareja y padre del hijo de ambos, había cambiado de forma radical en los últimos meses. Hace unas tres semanas había abandonado la vivienda familiar que durante años había compartido con su pareja -situada en la plaza de la Constitución de Fuengirola (Málaga)- para irse a la zona del Camino de Coín del mismo término municipal, a un piso en el que convivía con su hijo y que habían elegido por estar más cerca del domicilio de sus padres.

Era la primera vez en cerca de 30 años que Leonor no vivía con F.S.d.T. Ambos habían nacido en Fuengirola y se habían educado en los mismos colegios e institutos, por lo que eran muy conocidos entre los vecinos de la localidad. Ahí fue donde se conocieron y donde empezaron su relación cuando apenas eran adolescentes; «en torno a los 15 o 16 años», cuentan sus conocidos. Ya en el año 1995 contrajeron matrimonio, pero un tiempo antes el presunto asesino había renunciado a la nacionalidad española en favor de la alemana (de dónde es originario su padre) para evitar hacer la mili. Además, se cambió el orden de los apellidos y puso primero el de su madre, muy conocido en la localidad.

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A Leonor, que trabajaba en una correduría de seguros enfocada a extranjeros en el mismo Camino de Coín, se la veía algo más animada en este último tiempo, según personas que la conocían. Durante muchos años había tenido que lidiar con los continuos cambios de humor de su pareja (a la que no se le conocía profesión, aseguran), que pasaba de estar tranquilo a la ira en muy pocos segundos. Su comportamiento, en algunos momentos cruel con las amistades o con gente con la que se cruzaba, había alejado a los dos de las reuniones con los grupos de amigos, que aunque consideraban a Leonor su amiga, se negaban a pasar tiempo con su marido. Constantes peleas con él como culpable habían protagonizado los peores momentos en las últimas ferias de Fuengirola.

Leonor nunca denunció que sufriera malos tratos, y aunque sus más allegados no detectaron comportamientos «especialmente agresivos con ella», jamás entendieron que permaneciera a su lado.