«Me jubilo y sigo viviendo»

El biólogo español Francisco J. Ayala, en un momento de la entrevista, ayer, en un hotel madrileño. :: Virginia Carrasco
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El biólogo español Francisco J. Ayala, en un momento de la entrevista, ayer, en un hotel madrileño. :: Virginia Carrasco

Expulsado de la Universidad de California y acusado de acoso sexual, desconoce los motivos de una decisión que cree injustificada Francisco J. Ayala Biólogo

CÉSAR COCA MADRID.

El profesor Francisco J. Ayala (Madrid, 1934), uno de los biólogos más prestigiosos del mundo, no entiende los motivos por los que la Universidad de California en Irvine lo ha expulsado tras una denuncia por acoso sexual. En una larga conversación con este periódico, Ayala explica por primera vez su versión de los hechos y muestra su perplejidad ante una sanción que ha roto su relación con una universidad en la que ha trabajado 30 años y de la que ha sido uno de los principales mecenas.

-Cuatro mujeres lo denunciaron: la directora del departamento de Biología, Kathleen Treseder; la profesora ayudante Jessica Pratt; una asistente del decano, Benedicte Shipley; y la estudiante de postgrado Michelle Herrera. ¿De qué le acusaban?

-Lo primero que tengo que decirle es que la acusación de la estudiante Michelle Herrera fue desestimada enseguida. En cuanto a las tres profesoras universitarias, lo que dicen las conclusiones del expediente se resume en tres aspectos. Habla de contacto físico con Treseder, en dos ocasiones. La primera fue con ocasión de una fiesta en la Navidad de 2016. Dice el texto que la cogí del brazo para llevarla hacia un grupo en el que se hablaba de cosas que podían interesarle. Lo corregiré: ese día, a esa hora, yo daba una conferencia en San Diego, a 150 kilómetros de distancia. No entiendo cómo pueden situarme en esa fiesta.

-¿El segundo contacto físico?

-Más o menos por esa fecha, yo promoví a la profesora Treseder y una compañera a la Academia de Ciencias. Me pidieron que enviara información curricular sobre ella. Fui a su despacho a decírselo y, siempre según el expediente, puse mi mano sobre la suya mientras manejaba el ratón, para guiarla en la pantalla.

-¿El reglamento de la Universidad prohíbe cualquier tipo de contacto físico?

-Sí, es un reglamento que se aprobó hace un año.

-¿Y las otras acusaciones?

-La segunda es por haber dado a la misma profesora sendos besos en las mejillas al llegar a su casa un día a una cena, en presencia de su marido y mi esposa. Y la tercera es por haber dicho a varias colegas que estaban muy guapas y elegantes y que era un placer estar acompañado por mujeres tan atractivas. Por cierto, también digo a mis colegas varones que van muy elegantes y ninguno me ha denunciado. Yo lo entiendo, y así lo hago, como una cortesía.

-¿Cuándo le comunicaron la denuncia?

-A finales de noviembre del pasado año. Y desde ese día me impidieron el acceso a mi despacho.

-El instructor ha hablado con sesenta personas. ¿Fue informado de eso?

-Sí, estuvieron buscando a alguna chica que dijera que la había acosado de verdad, y no encontraron nada. Conmigo hablaron dos veces. Y no quisieron interrogar a testigos que yo propuse.

Expulsión por correo

-¿El rector le llamó para comunicarle el resultado de la indagación y la decisión de expulsarlo?

-No. Me envió un correo electrónico.

-Visto desde fuera parece extraño que una universidad expulse por motivos así a un profesor muy conocido que además es un gran mecenas de la misma. ¿Qué razones puede haber?

-No lo sé. Los motivos serán los que sean y tendrán que vivir con ellos.

-Hay quien habla de esas guerras por el poder tan frecuentes en la Universidad. Incluso de que la profesora Treseder ha ocupado su despacho.

-No puedo decirle nada. Y si Treseder se va a quedar con ese despacho, que es mucho mayor que el de otros profesores, de momento no lo ha hecho. Allí siguen mis cosas y continúa trabajando mi secretaria.

-¿No se ha planteado llevar el asunto ante la Justicia?

-¿Para qué pleitear? Tengo 84 años, y en España ya llevaría más de diez jubilado, así que eso haré. Me jubilo y sigo vivendo. Investigaré por mi cuenta, no necesito a la Universidad para eso. Y seguiré viajando, escribiendo, yendo a la ópera, al cine...

-Un feo final para una carrera académica como la suya.

-He aprendido a seguir adelante. Hace unos meses murió una de mis hermanas, me dolió mucho, pero debemos seguir viviendo. Ahora, igual.

-¿Cómo lo lleva su mujer?

-Está casi más molesta que yo. Pero ella gestiona mi correo y está viendo los centenares de notas de apoyo de compañeros y colegas que me han escrito estos días mostrando su perplejidad e incomprensión ante lo sucedido.

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