INTOLERANCIA

INTOLERANCIA

Dos películas en una: la historia de Ron Stallworth, el primer detective negro del departamento de policía de Colorado Springs, que utilizó como avatar a un agente judío encubierto para infiltrarse en el Ku Klux Klan; y un breve documental que empalma con el primer segmento para denunciar las conexiones del supremacismo blanco con la Administración de Donald Trump. El todo puede leerse como un sermón desde el púlpito que, como ya hiciera Quentin Tarantino en 'Django desencadenado', vuelve a dejar en evidencia las filias xenófobas del padre de la narrativa cinematográfica americana.

Cuando Spike Lee reúne a todos los miembros de un conciliábulo de racistas -el autodenominado imperio invisible- para que vomiten su discurso del odio contra una pantalla en la que se proyecta 'El nacimiento de una nación' lo hace mediante un montaje paralelo que intercala imágenes de la película con una secuencia en la que un anciano afroamericano narra el linchamiento de Jesse Washington -un joven de raza negra acusado de violar y asesinar a una mujer blanca en el contexto de un rebrote de actitudes racistas motivado por el éxito de la totémica obra maestra de D.W. Griffith- en la sede del Sindicato de Estudiantes Negros de Colorado. Como ejercicio meta la maniobra de Spike Lee es tan simple como efectiva -no olvidemos que el director de 'Intolerancia' influyó a los grandes teóricos rusos y, con permiso de Edwin S. Porter, ha sido siempre considerado el pionero del montaje- pero es un lástima que no consiga exprimir las posibilidades que ofrece un prometedor juego de espejos deformados.

Estéticamente resultona -está ambientada en el mismo universo que 'Dos tipos geniales', de Shane Black-, y muy fácil de masticar, 'Infiltrado en el KKKlan' es la última palabra de un director al que no parece que le quede mucho por decir, y que cuando lo dice es ignorado, véase el caso de 'Chi-Raq'.