Los iluminadores e infinitos reflejos del espejo de Robinson Crusoe

Rosa Falcón revisa las visiones más actuales del mito de Defoe, que tres siglos después «sigue grabado en la conciencia de nuestra época»

MIGUEL LORENCI

Madrid. A punto de cumplirse tres siglos de su publicación, Robinson Crusoe no ha perdido un ápice de su capacidad de fascinación. Es un clásico de la novela de aventuras que sigue encontrando lectores, pero también un relato seminal y polisémico, cargado de significaciones políticas, filosóficas y religiosas; de crítica sociológica y moral. Lo revisitan sin desmayo especialistas de disciplinas e intereses dispares, y a él regresa Rosa Falcón en 'Robinson y la Isla infinita' (Fondo de Cultura Económica), un ensayo que prologa Carlos García Gual y que analiza nuevas visiones y percepciones del mito, un iluminador espejo en el que no dejamos de mirarnos.

La novela de Defoe inauguró ademas un género, las robinsonadas -palabra que no recoge la RAE, que sí acepta el adjetivo robinsoniano- que florecieron en el XVIII y en el XIX. Suponen «un argumento fundacional» y «sin precedentes que influyó de forma asombrosa en la literatura y ha continuado en las demás artes», apunta Falcón en su libro.

Su ensayo analiza en especial «las robinsonadas contemporáneas» en los siglos XX y XXI «desde la 'intermedialidad', a través de sus diferentes lecturas en la literatura, las pantallas de cine, la televisión e internet». Falcón rastrea las huellas de Robinson en la filosofía, la narrativa, la poesía y en los medios audiovisuales para constatar que «Robinson, Viernes y la isla siguen profundamente grabados en la conciencia de nuestra época». El universal náufrago es tanto «el sujeto de la crisis existencial y de la soledad moderna» como «un extraordinario ejemplo de mentira romántica y de verdad novelesca, pero también política, filosófica, económica y religiosa», según Falcón.

Quizá por ello sus figuras «se muestran tan próximas a nuestro tiempo, ligadas a la atracción que nos sugiere el sentido de evasión, de anarquía que representa el viaje y la isla desierta como laboratorio para experimentar con nuevas propuestas estéticas de variado signo».

 

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