EL HIJO DE JAN

EL HIJO  DE JAN

Parodiar la parodia. Puede que la progresiva transubstanciación del poso humorístico de los superhéroes cinematográficos nos haya hecho olvidar que la primera adaptación en color del Superman de Jerry Siegel y Joe Shuster era en esencia una divertida comedia romántica en la que gran parte de la trama giraba en torno a la amenaza que representaba la astuta y deslenguada Lois Lane respecto a la identidad secreta de Kal-El, un periodista de provincias, alto, moreno y apuesto que escondía sus superpoderes bajo una fina capa de torpeza y mediocridad. La película se estrenó en 1978, cinco años después del lanzamiento del primer tomo de 'Superlópez', pero fue la visión de Richard Donner la que quedó impresa en el imaginario de varias generaciones de espectadores hasta que DC y Zack Snyder decidieron que había llegado la hora de que el hombre de acero se hiciese adulto y cargase por fin con el peso de la culpa judeocristiana.

Como es justo y lógico, ni Javier Ruiz Caldera ni sus guionistas niegan la influencia de Donner, pero les cuesta mucho despegarse de ella, y aunque el reconocimiento expreso de su legado se hace presente mediante una secuencia integradora, no es menos cierto que la identidad tebeística del hijo de Jan se deja notar con cuentagotas, mejor cuanto más se aleja de la ciudad y regresa a ese bunker para treintañeros que es la casa de sus padres (los estupendos Gracia Olayo y Pedro Casablanc). No tiene mucho sentido buscar en ella fidelidad a los tebeos originales, aunque respeta a los personajes de Jaime y Luisa Lanas, porque el Superlópez de Javier Ruiz Caldera está dirigido a un público que disfrutará con la agradable e inofensiva apropiación cañí de una parodia que se apunta a la moda de las adaptaciones marvelitas para regalarnos una prometedora escena postcréditos, esta sí, dedicada especialmente a los fans.

 

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