La hija mayor de Steve Jobs, a la que abandonó, refleja en un libro su relación

Lisa Brennan-Jobs posa con su padre, Steve Jobs, en 1989. /  R. C.
Lisa Brennan-Jobs posa con su padre, Steve Jobs, en 1989. / R. C.

LUIS ALFONSO GÁMEZ

madrid. «Hueles como un váter», le dijo un Steve Jobs moribundo a su hija Lisa tras un abrazo. Ella se acababa de poner perfume, pero estaba caducado. «Me dijo la verdad. Yo no me había dado cuenta», recuerda. El episodio, que para la hija del fundador de Apple demuestra la «honestidad» de su padre, es uno de los muchos perturbadores de 'Small Fry', las memorias de Lisa Brennan-Jobs que llegan hoy a las librerías. Una obra de la que el genio de Silicon Valley no sale bien parado, aunque su hija asegura que esa no es su intención, que le perdonó hace tiempo por lo que la hizo sufrir en la infancia y juventud.

Lisa Brennan-Jobs nació en una comuna a las afueras de Portland (Oregón) el 17 de mayo de 1978. Sus padres, Chrisann Brennan y Steve Jobs, tenían 23 años y una relación desde 1972. Nada más nacer Lisa, Jobs, que un año antes había creado Apple, negó ser su padre. Chrisann Brennan le abandonó y mantuvo a su hija gracias a lo que ganaba limpiando casas y a subsidios gubernamentales hasta que la justicia obligó a Jobs a pasarle una pensión: 385 dólares mensuales. Con el paso de los años, él se reencontró con su hija y esa relación es el eje de 'Small Fry', libro sobre el que Brennan-Jobs ha concedido una amplia entrevista a 'The New York Times'.

Ahora escritora -colabora con varias revistas-, le recuerda, sin embargo, con amor. «¿He fallado en representar fielmente los placeres y el cariño? ¿El cariño de mi padre y el placer de estar con él en sus mejores momentos?», pregunta al reportero en un momento dado. Posiblemente no, pero el lado oscuro de Jobs es demasiado oscuro. Fue obligada por él a verle cómo manoseaba y besaba a su esposa, Laurene Powell, y gemía «teatralmente». «Quédate ahí. Es un momento familiar. Es importante que intentes ser parte de la familia», le ordenó. Brennan-Jobs cree que su padre simplemente era incapaz de ser como su marido Bill, «pendiente y sensible» con sus hijas. «Le hubiera encantado ser un hombre así y se rodeó de hombres así».

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