El Gobierno comenzará a diseñar un plan contra el suicidio junto a las ONG

Acto simbólico celebrado ayer en Logroño con motivo de la celebración del Día Mundial para la Prevención del Suicidio. :: justo rodríguez/
Acto simbólico celebrado ayer en Logroño con motivo de la celebración del Día Mundial para la Prevención del Suicidio. :: justo rodríguez

En España, donde diez personas se quitan la vida cada día, no existen políticas públicas para prevenir este problema de salud nacional

DOMÉNICO CHIAPPE MADRID.

Cada día diez personas se suicidan en España. 3.569 en 2016, último año que recoge el INE. La cuarta parte, mujeres, con un pico de 456 individuos entre los 30 y 39 años, y cierta paridad entre los 15 y 89. Ese año, doce niños con catorce o menos años también se quitaron la vida. La forma de suicidio depende del entorno en que viven. En el rural, se ahorcan (1.653); en la ciudad, se precipitan desde lugares elevados (904). Son menos los que se envenenan o ahogan. La tasa es de 7,6 por cada 100.000 habitantes. Hasta aquí las estadísticas y las cifras.

Ahora, el dolor. Primero, el del suicida. Después, el del «superviviente», aquél que sobrevive al que se quita la vida, y que con frecuencia decidirá seguir ese ejemplo. «La causa es un sufrimiento psicológico intolerable, mezclado con desesperanza», explica el psicólogo Javier Jiménez, presidente de la Asociación para la Investigación, Prevención e Intervención del Suicidio (Aipis). «La vida puede cambiar de manera radical en años o semanas hasta generar un estado insoportable en el que no se desea vivir». Los factores de riesgo suelen ser las enfermedades psicológicas graves (trastorno bipolar, depresión), adicciones, desestructuración familiar, antecedente de abuso sexual y ausencia de apoyo social. Pero el mayor factor de riesgo es el intento previo. «El número de personas que cometen un acto suicida es 20 veces superior al de defunciones y muchas de las personas que sobreviven a una conducta suicida la repetirán en el futuro», mantienen Josep María Suelves, psicólogo y profesor de la UOC, y Anna Robert, psicóloga del Complejo de Salud Mental Benito Menni, en el estudio 'El suicidio o cómo prevenir una cuestión tabú'.

EL DÍA DESPUÉS

uPor qué
Los familiares que quedan deberán afrontar un duro duelo en el que buscarán explicarse las causas del suicida, según la guía para sobrevivientes de Aipis.
uSilencio
Con frecuencia se intenta ocultar la causa de la muerte.
uReproche
Familiares y amigos pensarán qué habrían podido hacer para evitar el suicidio.
uEstigma
Deberán enfrentarse a la intolerancia de los demás.

«El principal predictor son los intentos previos, ya que si no lo consiguieron es por elegir un método poco letal», explica Jiménez. «Pero aprenden. Los que intentan matarse, quieren matarse. Hay que abordar la situación de manera frontal».

Buenos propósitos

Entre las escasas iniciativas públicas para enfrentar este problema de salud pública que cada año se cobra más vidas que los accidentes de tráfico se encuentra el Plan de Prevención del Suicidio y Manejo de la Conducta Suicida, puesto en marcha el año pasado en Valencia, con el objetivo de reducirlos en un 10%. Según cifras de la Conselleria de Sanidad, la detección de conductas suicidas se ha triplicado. De 100 casos al mes se ha pasado a 350 en Atención Primaria. En el 25% de esos casos se activa el «código suicidio», para dar respuesta rápida a esa persona: en menos de 72 horas y con seguimiento telefónico de expertos.

Sin embargo, al carecer de una extendida red pública de prevención y asistencia, esas tareas están en manos de unas ONG que «trabajan con total precariedad», a juicio de Jiménez, y que han sido invitadas por la ministra de Sanidad, Carmen Montón, a participar en el diseño de un plan de prevención. En el cónclave, ocurrido el viernes entre las 12.30 y las 15.15 horas, la docena de representantes tanto médicos como «sobrevivientes», como se califica a los familiares (y no a quien intenta matarse sin éxito), presentaron sus resultados. «Hablar del suicidio de forma adecuada ayuda a prevenirlo, evita el tabú y el estigma a los supervivientes», aseguró el Ministerio en un comunicado. Aunque de momento no hay siquiera un borrador del plan, la evaluación de los asistentes es positiva.«Nunca antes las autoridades políticas y sanitarias se habían preocupado por estas muertes», dijo Jiménez. El telón de silencio empieza a levantarse.

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