«Tengo fe en que en el futuro habrá resistentes que seguirán leyendo»

Eloy Tizón. :: /Almudena Sánchez
Eloy Tizón. :: / Almudena Sánchez

El autor de 'Técnicas de iluminación' y 'Velocidad en los jardines' presenta en el Ateneo el ensayo 'Herido leve. Treinta años de memoria lectora'

J. SAINZLOGROÑO.

Dentro del ciclo 'Los que cuentan', el escritor Eloy Tizón participa hoy en el Ateneo Riojano en una tertulia literaria con dos de sus libros de relatos ('Técnicas de iluminación' y 'Velocidad de los jardines') y el ensayo 'Herido leve. Treinta años de memoria lectora'. Eloy Tizón (Madrid, 1964) reúne en este último a «narradores clásicos y posmodernos, consagrados y malditos, retratos de escritores y sus fantasmas, teorías y controversias, mitos y curiosidades» y configura «un libro de libros, una especie de mapa para orientarnos o para perdernos».

-¿Solo herido leve?

-No hay que menospreciar las heridas leves, a veces son las que más huella dejan.

-Háblenos de sus 'constelaciones temáticas'.

-Es el modo en que he reunido el centenar y medio de artículos literarios y los he agrupado por parentesco. Empiezo por 'intuiciones tempranas', los deslumbramientos literarios de la adolescencia, esos libros que te ciegan y te hacen enamorar de la lectura. Cito por ejemplo 'Cien años de soledad', los cuentos de Felisberto Hernández, los de John Cheever, 'El bosque de la noche', de Djuna Barnes...

Eloy Tizón
'Herido leve. Treinta años de memoria lectora', 'Técnicas de iluminación' y 'Velocidad de los jardines'
Ateneo Riojano, tertulia literaria 'Los que cuentan', 19 h.

-Sigue con 'bárbaros sofisticados'.

-Son los escritores artistas. Flaubert es el paradigma del autor con conciencia de escribir obras de arte.

-'Nudos familiares'.

-Son los autores que tratan la familia como un entorno idílico o, más comunmente, conflictivo. Alice Munro o la italiana Natalia Ginzburg.

-'Lámparas rusas'.

-Desde clásicos como Chéjov, el gran maestro del cuento, Tolstói, Marina Tsvetáyeva... los autores que sufrieron el estalinismo y lo que vino después, a otros más contemporáneos como Tatiana Tolstói o Andrei Bítov.

-'Tiempo esmeralda'.

-Se refiere a las obras que reflejan la presencia de la historia, las guerras mundiales, el holocausto... 'El chal', de Cynthia Ozick, es una visión descarnada de los campos de exterminio; o 'Viaje de novios', de Patrick Modiano. O también los autores que reflejan la sociedad: 'El periodista deportivo', de Richard Ford, que hace un retrato poco complaciente de la sociedad occidental.

-'Todas direcciones'.

-Los que tienen que ver con el viaje: 'Viaje sentimental por Francia e Italia', de Laurence Sterne, el mito de Rimbaud, Isak Dinesen, Sebald... El escritor itinerante, peregrino o viajero que hace de esa errancia la naturaleza de su escritura. Este tipo de libros enseñan a mirar y a escuchar.

-'Equívocos fatales'.

-Tramas criminales, desapariciones... Poe es el icono con el que empieza el cuento moderno, Mark Twain, Chesterton, Dürrenmatt, Murakami... 'La fiesta de Gerald', de Robert Coover. O Truman Capote.

-Y 'mentir en nuestro idioma'.

-Autores españoles y latinoamericanos, claro, desde la gran novela en nuestro idioma, el Quijote, obligatoria, hasta Carmen Martín Gaite o Augusto Monterroso, y escritores actuales como Luis Magrinyà, Javier Sáez de Ibarra, Jordi Doce, Menéndez Salmón, Andrés Neuman...

-¿Es una guía literaria o una autobiografía de lector?

-Un poco las dos cosas. Uno habla de sí mismo hablando de los libros que le han marcado. Y también es un libro con autores clásicos que anima a descubrir otros diferentes.

-¿Qué relación tiene con 'sus' autores?

-Pues 'mi familia' es la de la narrativa lírica, esos autores en la encrucijada del novelista con algo poético o ensayístico. Nabokov es una referencia. Craig Spector.

-¿Quiénes son sus 'padres'?

-Uno elige su linaje pero te queda la duda de si tus padres te reconocerán. En mi caso serían esos autores cuyo objetivo no es tanto la resolución de la historia como la construcción de un artefacto atmosférico, con brillo del lenguaje, la imagen, la capacidad metafórica...

-¿Cómo cambia un lector a lo largo de la vida?

-A principio domina un entusiasmo casi loco porque todo es nuevo, como con los grandes enamoramiento. Luego vas conectando y un libro te lleva a otro, contextualizas y los colocas en una red de relaciones.

-¿Cómo lee un escritor?

-Con cierta deformación profesional, sí. Te fijas más en lo técnico, en las tripas. Y, si es bueno, además de disfrutar, procuras aprender descifrando el mecanismo.

-Dice usted que, leyendo, lo sano es la promiscuidad.

-Defiendo ser abierto de mente, no ser maniático y dejarte sorprender.

-¿Algo que no trague?

-Lo comercial, best-seller, sagas...

-¿Qué diría que es la lectura y por qué leemos?

-Leemos porque vamos buscando algo que nos falta. La lectura nos completa y nos descubre algo de nosotros mismos que desconocemos. Es apertura y búsqueda, intentar nombrar el misterio sin llegar a resolverlo.

-¿Y por qué no leemos más?

-Por ignorancia y por exceso de otros estímulos: pantallas, series... No leer nos priva de algo valioso. La literatura nos da algo que no nos da ni el cine ni nada. Hay un placer especial en esa demora, esa atención a los detalles que nos enseña a mirar el mundo, que solo procura la lectura.

-¿Es apocalíptico: cree que tendemos a dejar de leer para siempre?

-Tengo fe en que en el futuro haya un núcleo de resistentes que seguirá leyendo; los suficientes para mantener la antorcha.

-En esa trinchera, ¿qué libro salvaría de la quema?

-'La montaña mágica', de Thomas Mann. Es un ocho mil, pero, si consigues entrar en ella, es una belleza.