LAS FUENTES DEL NARCOTRÁFICO

LAS FUENTES DEL NARCOTRÁFICO

La última sesión de la programación cinematográfica de Actual cierra con nota elevada el heterogéneo panorama de películas que han conformado una sección a la altura de la expectativas y con un nivel de calidad semejante al de anteriores ediciones. Descender el telón del Bretón y finalizar con el incatalogable largometraje colombiano 'Pájaros de verano', codirigido por Ciro Guerra y Cristina Gallego, es hacerlo a lo grande, con una propuesta sorprendente para narrar las fuentes del narcotráfico en Colombia.

'Pájaros de verano' emerge como un filme personal, de potente fuerza, mixtura de géneros y arrebatadora historia. La acción se sitúa en los años sesenta, en la parte de la Guajira, la desértica península del norte del país, una región pródiga en recursos energéticos. En esta zona viven los indígenas Wayú, autóctonos que se rigen por costumbres ancestrales y por mantener el equilibrio entre sus clanes gracias a la ley de la solidaridad. La película es como un exhuberante fresco de raíz etnográfico y antropológico que define una manera de ser y vivir, anclada en un territorio defendido con uñas y dientes y al que sólo dejan transitar, por considerarlos inofensivos, a los hippies norteamericanos, que descansan mientras consumen una exótica hierba que crece en sus parajes.

La naturaleza fue generosa y les recompensó con la planta de la marihuana. No le prestaban la más mínima atención hasta que descubrieron sus efectos opiáceos. Dos jóvenes ambiciosos, Rapoyet (José Acosta) y su colega Moisés (Jhon Narváez) tras comprobar que el contrabando de café no produce los beneficios que presagiaban deciden cambiar de materia prima y enrolarse en la venta de la marihuna. Con la complicidad de una familia que cultiva el producto en sus tierras, a los que convierten en socios, inician una oleada de transportes que muy rápido comienzan a generar una emergente economía. La acumulación de fortuna llama la atención de la competencia y el auge del comercio comienza a suscitar recelos y avaricias entre los miembros del clan, que desoyen los mandamientos por los que se rige su tribu, y se lanzan a una pelea interna de gran violencia.

La descripción de este negocio se convierte en uno de los ejes de la narración sobresaliendo por su cronológico enfoque y detallado análisis del origen de un tinglado inmerso en la contradicción que suscita entre los nativos, contrarios a desviarse de los principios que rigen sus destinos pero codiciosos cuando ven florecer transacciones opíparas. El auge y caída de una familia engullida por el éxito y atrapada en unos mecanismos ajenos a su idiosincrasia está contado de manera escalonada. Los realizadores recurren a los capítulos para datar el caprichoso principio y el desgaste final e inmoral del narcotráfico. 'Hierba salvaje' (1968), 'Las tumbas' (1971), 'La prosperidad' (1979), 'La guerra' (1980) y 'Los limbos', encapsulan un devenir de acontecimientos que mezclan un modo de entender la vida y su vinculación con el entorno con la brutal aparición del elemento perturbador que trastoca el orden establecido para conducirlo al choque entre clanes.

Las tradiciones, captadas con serena preciosidad, quedan violadas. Nada va a ser igual. Toda la mirada documental, las danzas de los nativos, su manera de acogerse a las leyes de sus antepasados, se hace añicos. 'Pájaros de verano' coge brío y se asienta en los códigos del thriller y el neowestern como referencias estilísticas para proponer un trepidante filme de acción, de aventuras, pero alejado de los formulismos y convencionalismos más trillados. 'Pájaros de verano' es una pieza diferente, sobre la lucha de poder, que enfrenta a los personajes por culpa de la avaricia y ambición, emociones que entran en juego y que arrastran a una dócil comunidad hacia la crispación y la muerte.