FELICIDAD DE PAYASO

FELICIDAD DE PAYASO

JONÁS SAINZ - CRÍTICA DE TEATRO

Ya lo saben, querido público: yo de mayor quiero ser payaso. Qué felicidad tan alta vivir en sus zapatos. En los circos ambulantes voy dejando currículums por si alguno quisiera llevarme de ciudad en ciudad. Y, mientras, los veo a ellos, a los artistas más puros, hacer su magia y sacarle al mundo una sonrisa.

Primero pasó por el Bretón el pequeño gran circo de la compañía suiza Baccalà y todavía no he encontrado un nombre que haga justicia a su maravilla; se llama 'Pss pss', que es como invitarte a ser payaso con ellos. De hecho sacaron a la pista a un amigo que lo hizo tan bien tan bien que creo que ya será uno de los suyos para siempre. Y así es como te hacen sentir en el ratito que emplean en sus malabares con una simple manzana y mucha imaginación.

Pensé viendo a Camila Pessi y Simone Fassari que Buster Keaton había encontrado pareja y que ella es aún más cómica y aún más hermosa. Y mira que yo adoro a Pamplinas. Sus gestos, sus muecas, sus ojos, sus mofletes, sus dedos... todo en ellos es pura pirueta de ternura. Suben al trapecio, hacen equilibrios y portes poco a poco más complicados, acrobacias, música y juegos y más juegos. Pero no es eso lo mejor; lo mejor es que todo lo hacen con algo más dulce que el chocolate suizo del humor de clown: su pantomima es pura poesía.

Y después pasó también (CÍA)3, una compañía al cubo que logra el más difícil todavía con su circo universal, sin fronteras, sin barreras y sin límites. Derribando un muro para construir un árbol igualitario de más acrobacias y equilibrios y malabares y patinadores y ciclistas y aros y diábolos y barras y música y payasadas... Así demuestran que bastan corazones limpios para empezar a resolver este mundo. Y que solo yendo juntos podremos conseguirlo. Si quieres ir rápido, ve tú solo, pero si quieres llegar tan lejos, ve con los payasos.