EXTREMAUNCIÓN

EXTREMAUNCIÓN

Nada te prepara para la muerte pero si hay algo capaz de alargar el trámite haciéndolo aún más pesaroso que la visita inesperada de las Parcas son los sermones en modo autoayuda regados de frases motivacionales, y 'Cuando yo no esté' encaja en esta descripción. Caminando en la misma dirección que el personaje de Sarah Polley en 'Mi vida vida sin mí' (Isabel Coixet, 2003) pero en sentido opuesto, la protagonista del tercer largometraje de Niall Johnson da pie para que el director ilustre la crónica de una despedida, lenta e hiperdramática, en la que abundan las escenas destinadas al público onanista que disfruta con el consumo de pornografía sentimental.

El diagnóstico de un cáncer de mama -que no toca la fibra de la sensibilización- es el detonante de un melodrama que truncará la existencia feliz de un matrimonio perfecto y sus dos hijos pequeños. Como un gorila vestido de frac, Niall Johnson demuestra que lo pretendidamente elegante puede resultar tosco y grosero aun cuando esté tratado con pausa y relativa distancia, y en 'Cuando yo no esté' sobran líneas de guion subrayadas que delatan la predisposición del director hacia el voyeurismo del dolor. Tomemos como ejemplo el espejismo de intimidad en la que Emilia Fox descubre los efectos de la quimioterapia y el temor de Johnson a que el público no haya tomado nota de lo sucedido poniendo en juego su insistencia en que la tratemos de manera compasiva y afectuosa.

Solo una persona sin corazón puede ser indiferente a su sufrimiento pero tanto la novela de St John Greene en la que se inspira como su tratamiento cinematográfico no evitan que por momentos llegue a ser cargante y odiosa. Casi hasta el final queda la esperanza de que todo sea una gran sátira sobre los telefilmes lacrimógenos de media tarde (en la línea de 'Adopción peligrosa', de Rachel Goldenberg) pero no, la película va totalmente en serio.

 

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