La Eurocámara da la espalda a los creadores europeos frente al imperio digital de EE UU

El Parlamento Europeo, muy fracturado, aplaza a septiembre su posición negociadora sobre la nueva directiva de los derechos de autor

ADOLFO LORENTE BRUSELAS.

El Parlamento Europeo sigue sin ponerse de acuerdo sobre qué postura defender a la hora de negociar con el Consejo Europeo (los países) y la Comisión Europea la adaptación de la directiva comunitaria de derechos de autor (el copyright) que data de 2001, la prehistoria digital. Se busca proteger a los creadores europeos de las políticas del 'todo vale' y del 'todo gratis' que dominan Internet, el imperio que los gigantes estadounidenses como Google o Facebook mecen a su antojo. La clave era convencer a los usuarios de que vivían en un mundo idílico y que los cambios propugnados ni son una «censura» ni limitan su libertad de expresión, como denuncian algunos. Se trata de un complejo equilibrio que parecía haberse logrado y que estalló por los aires. Vuelta a empezar.

Ya sea para desinformar o por simple desinterés, la votación de ayer en el Pleno se desenvolvió en un terreno farragoso en el que varios eurodiputados habían denunciado «amenazas de muerte» a ellos y a sus hijos, como desveló el ponente del informe, el alemán Axel Voss. Las presiones de los lobbies han sido enormes, ya que Google o Facebook se jugaban muchísimo con una normativa que, de aprobarse, les obligaba a extremar el control de todo lo que publican y a pagar a los creadores por usar su obra.

Pese al enorme ruido, ayer no se votaba la aprobación de la directiva propuesta por la Comisión en septiembre de 2016. No era el día D. Lo que tenía que decidir el Pleno era si avalaba la posición negociadora que la Eurocámara mantendrá en su negociación posterior con el Consejo, y que fue aprobada en su día por la comisión parlamentaria de Asuntos Jurídicos. Al final, no hubo vía libre. La rechazaron 318 eurodiputados, 31 se abstuvieron y 278 votaron a favor de seguir adelante. Ganaron los usuarios y los gigantes de EE UU frente a los creadores de la UE. Y en suelo europeo. Cosas veredes.

Es una victoria parcial porque este rechazo solo supone prolongar un debate que se abordará en el plenario de septiembre. La votación fue nominal y en lo referido a los eurodiputados españoles, sólo los del PP (faltaron muchos por estar en las primarias del partido) y el PSOE avalaron el informe. El resto, de Ciudadanos a Podemos, el PDeCAT o el PNV, se sumaron a las teorías del Partido Pirata, abanderado del 'no' en este debate parlamentario.

Licencias

Lo conflictivo de la nueva normativa son los artículos 11 y 13. Este último exige, grosso modo, a los «proveedores de servicios de la sociedad de la información» tomar las «medidas adecuadas y proporcionadas» para garantizar «el correcto funcionamiento de los acuerdos alcanzados con los titulares de derechos para el uso de sus obras». Afectaría, por ejemplo, a Youtube, que estaría obligado a obtener licencias de los propietarios legítimos de las obras y a bloquear antes de su publicación material que viole el 'copyright'. Pese al ruido, las enciclopedias en línea no comerciales como Wikipedia están «exentas». El artículo 11 da potestad a los medios para reclamar compensaciones «justas y proporcionadas» a plataformas o agregadores de noticias como Google News, que se lucra con sus artículos o extractos. Sería un derecho renunciable que los eurodiputados quieren extender durante 20 años desde la fecha de publicación del artículo. Según Bruselas, los editores de prensa aumentarían sus beneficios un 10%, lo que respaldaría el «importante papel que juegan para invertir y crear contenido periodístico de calidad, esencial para el acceso a la información en las sociedades democráticas».

«Se trata de eliminar la explotación de los artistas europeos en Internet. Facebook o Google se embolsan ganancias inmensas a costa de nuestros autores. No podemos entender cómo se ha permitido este macrocapitalismo de Internet. Hemos de espabilar», dijo Axel Voss en su alegato previo a la votación. No sirvió de mucho.

 

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