«Empezó como cuentos de miedo para niños, pero se nos fue de las manos»

Alberta Pla, en uno de los escenarios que se recrean en 'Miedo'. :: promocional/
Alberta Pla, en uno de los escenarios que se recrean en 'Miedo'. :: promocional

El artista catalán presenta hoy en el Bretón (20.30 horas) 'Miedo', una propuesta musical, teatral y multimedia alimentada por nuestros peores temores

Estíbaliz Espinosa
ESTÍBALIZ ESPINOSALogroño

Albert Pla echa mano de las últimas tecnologías para recrearse en algo tan humano y primario como es el miedo. Un 'Miedo' que da título a su último espectáculo, donde el autor catalán da una vuelta de tuerca a su imaginario musical para enfrentarnos, sin anestesia pero con humor, crítica y poesía, a los temores que nos acechan desde la niñez hasta la vejez.

-¿Cuál es la peor pesadilla de Albert Pla?

-Te regalaría un caramelito porque eres la periodista número mil que me hace esa pregunta.

-Lo supongo, pero procede.

-Cuando empiece la promoción me la estudio y te lo digo.

-Debería de saberlo ya.

-Sí, pero me pillas en bragas ahora.

-¿Tiene este espectáculo un afán catártico y liberador de nuestros miedos?

-No lo sé muy bien. Sí que hablo de un montón de miedos que pueden existir o no, que la gente puede o no tener, pero en todo caso es muy divertido subirse al escenario y poder hablar de eso. Da mucho de sí.

-¿Y es igual de divertido estar al otro lado, en el patio de butacas, enfrentándose a esos miedos?

-A ver... divertido igual no es la palabra. No es un espectáculo divertido ni tampoco de miedo, pero da un poco más de miedo que un concierto normal y un poco menos de miedo que una película de miedo.

-¿Y cómo reacciona el público?

-Es un poco como una montaña rusa porque hay algún susto que otro y la gente a veces se ríe, no sé si de desesperación, y hemos conseguido que en algún momento se tape las orejas y los ojos.

-Los primeros temas de 'Miedo' surgieron durante una partida de ping-pong en un mano a mano entre usted y Refree (Raül Fernández Miró). ¿Cómo fue aquello?

-Decidimos hacer unas canciones de miedo para niños. Raül me fue enviando cada día una música y yo le fui devolviendo cada día una letra. Luego nos reunimos con unos que hacen mapping (Nueveojos), empezamos a poner imágenes (de los argentinos Mondongo) y lo volcamos todo para hacer un espectáculo que no sabemos si es teatral, musical o de vídeo.

-Luego lo que empezó como algo para niños acabó siendo para no tan niños.

-Sí, es que se nos fue de las manos, porque con según qué canción el niño igual se cagaba encima. Entonces nos dejamos llevar, empezó a entrar otra gente en el proyecto, fue cobrando una nueva dimensión y al final decidimos contar los miedos de toda la vida. Para qué restringirse solo a los miedos de la infancia, con lo divertidos que son los miedos de la vejez.

-Tampoco usted los conoce porque no ha llegado a esa etapa.

-Bueno, no te creas... yo soy más viejo que muchos jóvenes.

-El montaje final de 'Miedo' es una locura audiovisual en la que se ve engullido, y cuya realización confió a Mondongo y Nueveojos. ¿Por qué a ellos?

-Mondongo son unos pintores argentinos y tienen un universo paisajístico y unas tonalidades que eran ideales para lo que estábamos contando. Era todo tan fácil y tan lógico... Empezaron a pintar sobre nuestras canciones y nosotros también hicimos música a partir de sus cuadros. Y Nueveojos son tan bestias montándote un escenario. Con tres o cuatro proyectores te meten en unos mundos... que yo no tengo que hacer nada.

-Por cierto, que Mondongo hizo en su día los retratos oficiales de la Familia Real española, a la que usted siempre ha tenido en la diana.

-Sí, sí, les regalaron o vendieron unos retratos con unos cristalitos y todavía no han pillado el chiste los Reyes.

-¿Qué ejercicio ha tenido que hacer para sincronizarse con las imágenes de este espectáculo? Le imagino como un hombre del tiempo ante un 'croma key'.

-Claro, todo lo que ve el público no lo veo yo. Pero no tiene nada de especial, parece que estés haciendo muchísimas cosas y en realidad estás haciendo cuatro gestitos.

-¿Por qué el Complejo Teatral de Buenos Aires es el que ha producido este espectáculo y prestó su Teatro Regio para su estreno?

-Porque nadie me lo ha querido producir aquí, aunque tampoco lo intenté mucho. Fue de casualidad, porque Mondongo tiene cierto prestigio en Argentina, a donde nosotros también vamos a menudo. No sé por qué se animaron a producirlo, pero ha sido fantástico.

-¿El público argentino y el español reaccionan igual ante 'Miedo'?

-Creo que la gente reacciona igual en todos los lados, más que del país depende de la sala, la hora, el día, el humor... de esos intangibles que hacen del directo un momento único. Sí es cierto que en Argentina la gente va mucho más al teatro y puede elegir entre más oferta y calidad.

-Supongo que trabajar de nuevo con el músico Raül 'Refree' y con Pepe Miravete (el director) ha sido una ventaja.

-Sí, nos conocemos mucho entre todos y todo ha sido muy fácil. El espectáculo ha sido chupado de hacer; muy complicado porque hemos estado horas y horas, pero todos sabíamos muy bien qué queríamos cantar, enseñar y la sensación que queríamos transmitir. Todos teníamos claro a donde íbamos y todos tenemos la sensación de haber dicho lo que queríamos.

-¿Y tiene la sensación de que la de 'Miedo' es la mejor puesta en escena de su carrera?

-Yo creo que sí. No sé si la mejor, pero la más elaborada y espectacular sí. Como público lo veo y digo: '¡Jolines, vaya pollo que han montado. Qué guapo!'. Y aunque no estuviera yo sería igual de espectacular porque estos tipos de Nueveojos hacen virguerías...

-Con el listón tan alto, a ver cómo se supera en el próximo espectáculo...

-No es una cuestión de superarse. Uno intenta explorar campos que no ha tocado antes y a veces te salen cosas más elaboradas y otras, sin embargo, actuar solo y sin luces es la mejor solución. No es nuestra vara de medir el hacerlo cada vez más y más gordo.

 

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