El drama de los matrimonios forzados se oculta en España

La tradición de obligar a las niñas a casarse con quien elija la familia no tiene una respuesta eficaz por parte del Estado

DOMÉNICO CHIAPPE MADRID.

Todo comienza en la casa de la niña, en cualquier barrio de una ciudad española. En este caso, Lavapiés, en Madrid. Allí se celebra una reunión entre dos familias originarias de Bangladés y se establece el primer contacto entre ella, la joven obligada a desposarse, y él, el elegido. Los padres de cada uno sellan el acuerdo de casamiento con la fijación de una dote. «Esto indica que la situación económica de las familias influye en el posicionamiento social que pueden dar a la hija», señala el informe 'No acepto, estudio y visibilización de los matrimonios forzados en España', elaborado por la Federación de Mujeres Progresistas, con la participación de una veintena de otras ONG.

«Al casarlas garantizan su seguridad y manutención», refiere un hombre bangladesí de 30 años que ha colaborado en el documento bajo anonimato y que prefiere hablar de «matrimonios concertados». «Es un símbolo de protección de los padres a las hijas. Es muy raro que las mujeres se opongan ya que solo se plantean dos caminos: romper con la familia y la comunidad o aceptar el matrimonio».

A pesar de crecer enclaustrada en la tradición y la familia, la adolescente puede llegar a rebelarse, gracias al apoyo de su entorno. «Todas las chicas de mi edad están casadas», asegura una mujer menor de 25 años, nacida en Bangladés y viviendo desde hace nueve años en España, que asegura que en unos meses su padre querrá que contraiga matrimonio en su ciudad de origen. «Las que quedan sin casarse son más pequeñas. Las chicas que viven en España no pueden hablar sobre lo que sienten. Ellas conocen sus derechos, pero si la familia dice otra cosa, la obedecen. La generación que ha vivido más en España también lo acepta porque las consecuencias pueden ser peores. En algunas ocasiones, las mujeres intentan pequeñas negociaciones». Ella, dice, rechazará la imposición familiar. Espera seguir estudiando y encontrar un trabajo. «Seguramente mis padres me rechacen cuando manifieste que no me quiero casar pero confío que, con que el paso del tiempo, podamos reconciliarnos».

Soledad y violencia

Las jóvenes de una primera generación criada en España de familias emigrantes observan una realidad distinta a la del país de sus padres. «Las chicas empiezan a plantease que no quieren que les busquen a alguien para casarse y entran en conflicto», asegura Beatriz Lázaro, responsable del área de Violencia de Género de la Federación de Mujeres Progresistas. «En estos casos, hay una línea fina entre el consentimiento y lo forzado, que no puede resolverse con una denuncia y cuya alternativa es muy compleja, y no tiene apoyo de las instituciones». En el documento se asegura que la sociedad percibe esta situación como un «fenómeno aislado», a pesar de que en España se asientan «importantes comunidades que proceden de países en donde los matrimonios forzados se llevan a cabo».

Entre las distintas modalidades de matrimonio forzado de residentes en España se identifican tres: la primera, cuando las mujeres son menores de edad y, al emigrar, obtienen un estatuto de protección con el que regresan a su país a cumplir con la boda concertada por su familia; otra, en que las mujeres emigran para escapar de la violencia de estos enlaces y caen en redes de prostitución; y la tercera, aquellas que son obligadas a casarse dentro de España «en contra de su voluntad con hombres a los que no conocían». Las ONG citan como ejemplo tres casos de «jóvenes marroquíes que pidieron ayuda a su entorno educativo antes de que el matrimonio forzado se consumara».

De una experiencia de intervención con niñas de 13 y 14 años en institutos españoles, registrada por las ONG, se concluye que el «impedimento a ejercer su libertad» les produce un cuadro de ansiedad, miedo al futuro o sentimiento de exclusión. «Esta problemática está bastante invisibilizada. Por lo general, estas chicas no causan problemas en clase, no hacen ruido, sacan buenas notas», cita el estudio.Frente a los matrimonios forzados, sin embargo, no hay un plan de actuación claro, por no haber estado en el «radar» hasta ahora y se enfrenta a retos como la dificultad de distinguir el consentimiento real de la mujer y establecer un marco de garantías para la denunciante. «Separas a la víctima de su ámbito familiar, comunal y de seguridad y se produce una soledad e incluso violencia», expresa una de la asistentes a las jornadas de 'No acepto'. «Se debe proporcionar una protección continua, un protocolo para actuar». Y denuncian que aún queda camino frente al abordaje «insuficiente e ineficaz» por parte de las instituciones del Estado.

 

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