«El cuerpo pone sus límites, pero los límites no son malos»

Miriam Aguilera y Jordi Cortés interpretando la coreografía 'Ni pies ni cabeza' ./J. GARCÍA PASTOR
Miriam Aguilera y Jordi Cortés interpretando la coreografía 'Ni pies ni cabeza' . / J. GARCÍA PASTOR

La danza inclusiva de Miriam Aguilera y Jordi Cortés, la propuesta de Arnau Pérez y la música de ReZaK abren el III festival Margen Danza en la plaza del Mercado (20.30)

Estíbaliz Espinosa
ESTÍBALIZ ESPINOSALogroño

El festival Margen Danza estrena hoy su tercera edición, y no precisamente en la margen derecha del Ebro, su escenario natural, sino en el centro de Logroño. La Plaza del Mercado acoge las primeras actuaciones de un festival que, en esta ocasión, se condensa en un fin de semana y que, además de coreografías de danza contemporánea, propone talleres, música y proyecciones.

Su telón se levanta esta tarde con la propuesta 'I'm not a kid anymore' de Arnau Pérez y con el tándem formado por Jordi Cortés y Miriam Aguilera. Mañana, ya sí en el Parque del Ebro (frente a la pasarela), será el turno de Miguel Ángel Gutiérrez, Aritz López y Jordi Vilaseca, y de nuevo Cortés y Aguilera (20.30), con la posterior proyección de cortometrajes de FIVER. Y el domingo, también en el Parque del Ebro pero frente al embarcadero, habrá talleres de yoga, de danza contemporánea y africana para el gran público.

El bailarín riojano Samuel Retortillo, con el respaldo del Ayuntamiento logroñés, organiza este Festival Internacional de Danza Contemporánea y Naturaleza Urbana que nos regala una coreografía de danza inclusiva, la que interpretan Miriam Aguilera y Jordi Cortés.

«En la danza hay muchos estereotipos asociados al cuerpo perfecto y eternamente joven»

-¿Qué nos contáis en 'Ni pies ni cabeza'?

-No me gusta hablar de las piezas porque es como pedir a un pintor que explique su cuadro, pero sí puedo decir que el proceso creativo parte de la relación de sensualidad y sexualidad del cuerpo. Ahora, de ahí a lo que le llegue o vea cada espectador... Eso es lo mágico.

-Vuestra coreografía es una invitación a despojarnos de todos nuestros miedos, complejos o tics. ¿Cómo reacciona el público?

-Depende del público. Cuando bailamos ante un colectivo con discapacidad se normaliza absolutamente todo. Pero la sensualidad y sexualidad de los cuerpos diversos es un prejuicio que tiene la sociedad y que se debe ir venciendo, y si nosotros con nuestro arte contribuimos a ello, pues fantástico.

-Sois el mejor ejemplo de que la danza no tiene límites; de que los los límites están en nuestra cabeza y no en el cuerpo.

-Está claro. El cuerpo pone sus límites, obviamente, pero los límites no son malos. En nuestro caso nos obligan a reinventar y a mover el cuerpo de una manera distinta, pero nace del impulso de querer bailar, da igual cómo. También es cierto que en el mundo de la danza hay muchos estereotipos asociados al cuerpo perfecto y eternamente joven, y nosotros bailamos con personas de cualquier edad y con cualquier tipo de discapacidad.

-Con vosotros los códigos de movimiento establecidos saltan por los aires. ¿Reinventar esos movimientos es un reto?

-Es un lenguaje nuevo. Yo tengo la posibilidad de montarme y desmontarme, de bailar con o sin la prótesis (le falta parte de una pierna), y eso es una capacidad nueva que me obliga a buscar un movimiento y unos recursos nuevos. Y esa nueva movilidad para mí es un sumatorio, te da texturas y te obliga a hacer las cosas a tu manera.

-¿Siempre ha bailado con esta discapacidad física?

-Desde los 8 a los 15 años yo era gimnasta y hacía baile clásico, aunque no me consideraba bailarina. Después del accidente dejé el tema físico y me volqué más en lo artístico, en la música, la escritura... pero tampoco me llenaban mucho. Cuando descubro, hace unos ocho años, a Liant la Troca (Colectivo de Danza Integrada que dirige Jordi Cortés) me reencuentro otra vez a mi cuerpo físico, porque mi formación y forma de ser son muy físicas.

-¿Le ayudó la danza a reconciliarse con su nuevo cuerpo?

-No. Cuando entré a bailar ya me había reconciliado con mi cuerpo. De todas formas, no nos gusta que la gente asocie danza y terapia en nosotros. Si tenemos que hacer terapia vamos al fisio, al logopeda, al psicólogo, etc. pero a Liant la Troca vamos a bailar. No buscamos ningún efecto terapéutico a través de la danza, aunque obviamente te genera un estado de bienestar como cualquier ejercicio físico.

-Baila con o sin prótesis, e incluso ésta llega a formar parte de la propia coreografía. ¿Cómo se relaciona con su prótesis en el escenario?

-En una parte de lo que veréis en Logroño la prótesis es un objeto fetichista para mí, otras veces es un cojín donde apoyarme o dormir, y si la despojamos de su función puede ser un altavoz, una pistola... depende de tu imaginación. Cuando creaba la pieza descubrí que tengo poco equilibrio sin la prótesis, pero ella sin mí tampoco lo tiene.

-Si es difícil acercar la danza al gran público, hacerlo con repertorio contemporáneo y, más aún, con danza inclusiva es de un mérito extraordinario.

-Ocurre, además, que muchos bailarines jóvenes ven su vida limitada por las lesiones y, cuando nos descubren, comprueban que la danza tiene mucho más recorrido. Y eso me gusta mucho porque rompes esquemas a los propios bailarines.

 

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