CUENTACUENTOS TRÁGICO

CUENTACUENTOS TRÁGICO

JOSU EGUREN

Acercarse a 'Granny's Dancing on the Table' supone vencer el recelo que despierta la declaración de intenciones de su distribuidora en España, una empresa comprometida con la idea de «concienciar mediante la educación y a través de películas con valores». Por fortuna, el segundo largometraje de la sueca Hanna Sköld ('Nasty Old People', 2009) no duda en desentenderse de los tópicos asociados al cine didáctico y educativo al establecer una relación entre pasado y presente que exige una actitud de escucha activa ante lo que deriva en la forma de un cuentacuentos marcado por el sello de la brutalidad. La voz en off de una mujer madura que conecta el presente de imágenes reales con un pasado recreado mediante figuritas artesanales animadas en stop-motion abunda en la sensación de extrañamiento y ambigüedad que destila un relato filmado a modo de expediente sobre la violencia heteropatriarcal.

La rutina diaria de Eini, una adolescente que vive aislada del mundo bajo el control de un padre cruel y autoritario, se entreteje con la historia de su abuela, una mujer proscrita que se vio obligada a ceder en adopción a su hijo bastardo, para moldear golpe a golpe una radiografía sobre despersonalización de una chica que está a borde de perder su propia conciencia.

El acierto de utilizar las figuras animadas como elipsis de la violencia que experimentan los personajes en carne real, suspende la narración en un limbo del que despertamos cuando la protagonista despierta a la vida en un último acto donde Sköld desliza sutilmente algunos de los tropos del cine de terror. La tensión entre los planos que comparten los dos únicos actores de la película (Blanca Engström y Lennart Jähkel) y la fragilidad que evocan los segmentos animados cristaliza en una atmósfera opresiva y sombría que sufre el desgaste de la excesiva repetición.

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