EL CRÍTICO SE AUTOCRITICA

ALBERTO PIZARRO

Acerca del libro 'Entre el pincel y la espada', presentado el 24 de septiembre, ha rulado que versaba exclusivamente acerca de la fiesta de los toros. No es cierto. Trata de la fiesta en sentido lato; esto es, de todas las fiestas de La Rioja, según el heterogéneo enfoque de pintores, escultores y fotógrafos. Libro, pues, de arte, enciclopédico, de 800 páginas, profusamente ilustrado, en el que se biografía a, aproximadamente, 200 artistas.

Acostumbrado a la tibieza o calidez de detrás de la mesa de la consulta o de un lado de la de quirófano, tras del micrófono suelo sentir mucho frío. De ahí que, con una osadía que nunca me reprocharé bastante, pidiese a Leonor González Menorca, Inmaculada Martínez Torre, Eduardo Rodríguez, Luis Xubero, José Antonio Aguado y Manolo González que me arropasen en el trance de la presentación del libro. Lo hicieron con la brillantez y generosidad que les caracteriza, y hasta soportaron que, antes de decir ellos algo de mí y de mí obra, les presentase yo, pese a ser personalidades sobradamente conocidas de la cultura riojana. Faltó al arropamiento mi hermano Fernando, magistrado en la Audiencia de Valladolid, por el excesivo trabajo que tienen los de su gremio, contribuyendo al mismo con el envío de unos versos, que leyó magníficamente Manolo González. Al ser muy celebrados por la concurrencia, no me resisto a transcribirlos: «Ginecólogo-torero/que a una tarde de gloria aspiras,/entre la vida y la muerte/citas al toro de frente/ y al 'nasciturus' das vida./Vestido con bata blanca, /o con terno verde y oro,/ sea parto o sea toro, /siempre es tu temple el que manda./Tu sueño de sol y albero/fue un fulgor, una locura,/un enredo en tu cordura, /Ginecólogo-torero./Se fue de tu sueño el toro/y nos queda en la memoria/la siempre imposible historia/de aquel terno verde y oro./Cambiaste -y fuiste certero-/la gloria por otra fama, /y de la vida la trama/fue perfilando otro empeño./Mas de tu sueño de niño/(toro, terno, sol y albero)/y de tu vela de hombre/te queda este sobrenombre: /Ginecólogo-torero».

Me reprocho hasta el reconcomio haber flojeado en algunos momentos. A medida que pasan los años, en las personas todo tiende a descender. Menos el corazón, que en situaciones como esa le da por subirse a la garganta y, por un momento, nos ahoga la palabra.

También me amonesto por incumplir algunos de los diez mandamientos a que debe atenerse el crítico de arte. A saber: Haber hablado de más y no haber sabido embridar la vanidad. Mea culpa, mea culpa, mea grandísima culpa. En el pecado, la penitencia: no disfruté el acto.

Lastrado, además, porque, al principio, al ver la sala del Centro Ibercaja La Rioja llena, con amigos de pie, para templar los nervios me vi impelido a revertir la admonición de Lola Flores en ocasión notoria. Si ella ordenó: «Si me queréis, irse. Si me queréis, marcharse». Yo pedí: «Si me queréis, quedaros». Porque yo escribo para que me quieran, aunque a veces me salga el tiro por la culata. Y allí se presentaba una obra cuya gestación me había durado lo mismo que al tiburón anguila la suya: tres años.

Mis disculpas.

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