CONGELADOS

CONGELADOS

ANTON MERIKAETXEBARRIA

En 'Siberia', el hoy de capa caída apolíneo actor hawaiano Keanu Reeves, lejanos ya los tiempos de 'Matrix' (Andy y Lana Wachowski, 2001), se dedica al ilegal tráfico de diamantes. Viaja a San Petersburgo con la intención de vender un millonario alijo a mafiosos rusos. Pero, cuando el negocio se va al traste, pone de inmediato rumbo a Siberia para recuperar las joyas. Al mismo tiempo se mete con calzador una ñoña historia de amor, en la que participa la tampoco muy inspirada Molly Ringwald, a quien los buenos aficionados seguro que recuerdan en 'Enróllatela como puedas' (Frederic Golchan, 2001).

Desde el mismo arranque, 'Siberia' se desarrolla herida por lo previsible, lo gratuito y lo inverosímil, en un embrollo visto una y mil veces, filmado para más 'inri' con un estilo televisivo y primario. Es lo que más llama la atención de este ultraviolento desfile de despropósitos, porque tanto la premisa argumental como la escenografía son de baratillo. Así que padeciendo un subproducto como el presente, uno se pregunta sin lágrimas nostálgicas qué se ha hecho de los filmes de serie B, o de pequeño presupuesto, rodados por hábiles artesanos, que tantas satisfacciones proporcionaron en su día a los amantes del cine.

En resumidas cuentas, el tinglado no interesa ni como producto de acción, ni como aventura sentimental, ya que la mezcolanza de intriga y romance no logra un resultado mínimamente orgánico. Así que el cóctel no funciona en ningún momento, puesto que los medios más holgados y un 'look' menos chapucero que la norma no son suficientes para dotar a la cinta de una real entidad. El abuso de un montaje que confunde ritmo con ajetreo, los reencuadres sin ton ni son, la rutina del plano-contraplano y una ambientación más fría que un carámbano dejan al sufrido espectador poco menos que congelado durante la visión de este bodriete.

 

Fotos

Vídeos