La cena surrealista (y carísima) de Dalí

Salvador Dalí y su esposa Gala en la cena surrealista, 1941. / Life Magazine, Google Books

En 1941 Salvador Dalí organizó en California una fabulosa y sorprendente fiesta en beneficio de los artistas afectados por la Guerra Mundial

Ana Vega Pérez de Arlucea
ANA VEGA PÉREZ DE ARLUCEAMadrid

Verano de 1941. Salvador Dalí (1904-1989) está en lo alto de su carrera y disfrutando de su fama como pintor reconocido y artista excéntrico en el lujoso Hotel del Monte, en Monterrey (California, EE UU). Ha llegado allí, acompañado de su mujer Gala, escapando de la Segunda Guerra Mundial y aprovecha su celebridad y la ayuda de diversos ricos benefactores para vivir a cuerpo de rey en el mejor hotel de la costa californiana. Por la mañana toma el sol, por la tarde pinta y de noche se dedica a epatar a sus admiradores bebiendo cócteles y gritando en francés por los salones del establecimiento. Muy daliniano todo.

En algún momento, él y el relaciones públicas del hotel, Herbert Cerwin, discurren la idea de organizar una gran cena benéfica para recaudar fondos en ayuda de los artistas refugiados que han tenido que huir de Europa. La noche surrealista en un bosque encantado o «surrealistic night in an enchanted forest», como se llamó originalmente en inglés, acabaría siendo una de las fiestas más locas de la hstoria. Con su conocido olfato para la autopromoción y el márketing de masas, Dalí convirtió aquella noche en un evento publicitario de su obra y su persona. Decenas de medios acudieron a su llamada y la fiesta fue objeto de artículos periodísticos, reseñas y noticiarios, convirtiéndose en la comidilla de la alta sociedad norteamericana durante meses.

La idea de la cena la venía rumiando Dalí desde hace años y utilizó para ambientarla ocurrencias que ya había plasmado en sus cuadros, como una larga cama convertida en mesa de comedor o jirafas rodeando a los comensales. Para decorar al salón Bali del Hotel del Monte y convertirlo en un bosque encantado, el pintor catalán pidió dos mil árboles, cinco mil sacos de arena, cuatro camiones de calabazas, un coche destrozado, tres cabras, una jirafa, un león y varios monos. El coche, a la entrada del salón, fue ocupado por una modelo desnuda y dormida que simulaba estar muerta por un accidente automovilístico (¿!), los sacos se pusieron colgando del techo, los árboles en los lados de la habitación y las calabazas se colocaron sobre una larguísima mesa construida a modo de cama y a cuya cabecera, entre almohadones y sábanas de terciopelo rojo, presidía el festín acostada Gala Dalí. Los animales los pidió al zoo de San Francisco, y no se crean ustedes que le pusieron demasiadas pegas: a lo de la jirafa no accedieron pero enviaron varios titíes y un cachorro de león que fue alimentado por Gala con un biberón hecho de una botella de Coca-Cola, como se puede ver en el vídeo.

La expectación por la cena surrealista fue tal que más de mil personas acudieron dispuestas a pagar los cuatro dólares que costaba el banquete, de las cuales únicamente 400 pudieron finalmente cenar. Los demás, vestidos según la etiqueta que pedía la invitación (disfraces inspirados por sueños), tuvieron que pasearse entre los árboles y las esculturas de hielo en forma de mono. Los más afortunados, entre los que se contaban famosos de Hollywood como Bob Hope, Clark Gable o Alfred Hitchcock, pudieron sentarse a la mesa y alucinar con las fuentes repletas de ranas vivas o la comida servida dentro de más de mil zapatos de satén. El menú constó de aguacate y marisco (servido en los zapatos), consomé doble al jerez, sardinas de Monterey a la Dalí, pollo salteado con risotto, filete braseado con champiñones y de postre, «copa surrealista».

La fantástica cena surrealista fue un éxito para Dalí y para el hotel, que gozó de una imprevista publicidad, pero no alcanzó ninguno de sus supuestos propósitos benéficos. Salió tan cara que dio pérdidas y ni un mísero centavo llegó a las manos de los artistas necesitados.

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