CARNE QUEMADA

CARLOS SANTAMARÍA - ANECDOTARIO

En uno de sus incontables vuelos en helicóptero por Cataluña y Andorra, el Honorable Pujol observó un día una columna de humo cerca de Olot. Desde el aire se veía a un hombre diminuto quemando rastrojos en medio del campo, cosa totalmente prohibida. El presidente ordenó al piloto que tomase tierra y, una vez en el suelo, se dirigió al incrédulo payés y le dijo «Haga el favor de apagar eso». El episodio aparece en el libro 'Quién es Jordi Pujol', que escribieron Félix Martínez y Jordi Oliveres, y podría ser la mejor anécdota sobre helicópteros y políticos españoles si no hubiésemos visto a Rajoy y Esperanza Aguirre estrellarse en uno junto a la plaza de toros de Móstoles y salir de sus escombros con la cara desvaída del que despierta de una resaca. La actuación sigue siendo insuperable.

A esta colección de acrobacias hay que sumar la del Presidente Sánchez, que vino a la boda de su cuñado en La Rioja a bordo de un Súper Puma del 402 Escuadrón del Ejército del Aire; La Rioja siempre ha estado mal comunicada. Si se rebobina esta comedia, (o esta tragedia, aún está por desvelarse el final de la película), vemos cómo Sánchez ha pasado en un parpadeo de ser un desheredado que recorría España en un Peugeot 407 a sobrevolar los cielos de la Península viendo atardecer por la ventanilla del avión presidencial. Es una historia bonita, parecida a las de esos futbolistas brasileños que despegan de la choza de uralita de la favela en la que viven y que, de la noche a la mañana, aterrizan en una mansión de Sao Paulo repleta de mayordomos.

Acudir en helicóptero a la boda de un cuñado es un gesto fastuoso, aunque la ostentación muestra casi siempre las sombras deshilachadas de lo que quiere dejarse atrás; se enseña una cosa pero se adivina la contraria. Ocurre con esos anillos gordos de oro de muchos kilates que tan a menudo brillan en manos sucias y arrabaleras. Sánchez le ha cogido gusto a volar, tal vez influido por el pasado astronáutico de Pedro Duque. Lo que debería decirle el ministro cosmonauta es lo que contó Buzz Aldrin al regresar de la Luna, que «ahí arriba huele a carne quemada».

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