Caminantes contra el frío y contra los elementos

Unos 450 valientes tomaron la salida en el puente de hormigón sobre el río Mayor en Villoslada. :: miguel herreros/
Unos 450 valientes tomaron la salida en el puente de hormigón sobre el río Mayor en Villoslada. :: miguel herreros

Los marchosos debieron enfrentar una fuerte cellisca en el 'techo' de la ruta en Cabezo del Santo Cerca de 450 valientes tomaron ayer la salida de la Marcha Hoyos de Iregua en Villoslada de Cameros

P. HIDALGO

villoslada. Tras un sábado espléndido y veraniego, el otoño sobrevino ayer de golpe y convirtió la XXIV Marcha Hoyos de Iregua en una de esas citas con la montaña que crean afición porque enfrentan a los caminantes no sólo al desafío de las cumbres, sino también a la lucha contra el frío y los elementos.

Cerca de 450 personas tomaron ayer la salida a las 8 horas en el puente de hormigón que cruza el río Mayor en Villoslada de Cameros bajo un cielo que dejaba escapar algunas tímidas gotas.

No dejó de ser un primer aviso para lo que vendría después. No obstante, esto no amilanó a estos centenares de valientes llegados, en su mayoría de La Rioja; pero también de otras provincias como Soria, Vizcaya, Álava, Burgos, Navarra, Valladolid y Madrid.

Y es que la Marcha Hoyos de Iregua constituye un clásico en el panorama del senderismo de montaña en nuestro país y, pese a que discurre íntegramente en los reducidos contornos del Parque Natural Sierra de Cebollera, siempre resulta una sorpresa y siempre reconforta a los caminantes por sus bellos paisajes y buena organización, a cargo de la Fundación Caja Rioja en colaboración con Bankia.

Esta edición tenía como 'techo' el Cabezo del Santo (1.854 metros), desde donde se observan las sierras de la Demanda, Urbión y Cebollera y las tierras cercanas de Cameros y las Viniegras. Hasta coronar esta cima, los marchosos atravesaron prados y choperas, bordearon el límite entre La Rioja y Soria, caminaron entre hayedos y extensos pastizales (este año, frondosos y de un resplandeciente verdor) y se situaron ante la altiva mole del Cabezo del Santo, descarnada y de un color ceniciento.

Entonces, rayando el mediodía, sobre los montañeros descargó una fuerte cellisca de agua y nieve, avivada por el intenso viento. Esto endureció las condiciones de la marcha, que se volvió bastante exigente y a tan sólo uno o dos grados de temperatura.

Resultó el momento más complejo del itinerario, con el suelo mojado, el riesgo de resbalones, un penetrante frío y una neblina que apenas permitía intuir el perfil de la gran mole.

El temporal se localizó en este área entre Cabezo del Santo, Collado Mohíno y Peña Hincada y a partir de ahí ofreció una tregua. Así, los senderistas pudieron volver a disfrutar de los parajes de pastos frescos que alimentan a los generosos manantiales que surgen en la zona y hacer un alto en la estela romana para sacarse la inevitable foto.

Desde esta piedra de aspecto granítico, con un tosco relieve con figuras y formas, tomaron el laderón que se desprende de Mojón Alto para, salvando un acusado descenso, llegar sin pérdida de vuelta a Villoslada de Cameros.

A las 12 horas arribaron al frontón villosladense los dos más rápidos, Tomás Peñaranda y Chema Casorrán, ambos de Logroño y quienes completaron corriendo los 29 kilómetros del itinerario.

«En la parte alta hemos sufrido porque había mucha niebla y aire. Menos mal que la ruta estaba muy bien marcada y no te perdías», aseguró Peñaranda. «Es la primera vez que vengo y es para repetir porque está muy bien organizada y los avituallamientos están muy bien montados», valoró Casorrán. Ellos fueron los primeros en recoger su diploma y su camiseta de recuerdo. Los últimos entraron a las 17.30 horas.

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