A buen recaudo

Alambradas con cuchillas protegen la prisión de máxima seguridad de Stuttgart-Stammheim. /Reuters
Alambradas con cuchillas protegen la prisión de máxima seguridad de Stuttgart-Stammheim. / Reuters

Los presos alemanes que han cumplido condena y tienen alto riesgo de reincidencia pueden permanecer el resto de su vida en prisión. La fórmula se llama custodia de seguridad

JUAN CARLOS BARRENA

Steffen, Rudi y Hannes disfrutan del sol y el buen tiempo veraniego en el jardín ante su hogar, donde han encendido la barbacoa y se disponen a asar unas salchichas para merendar. Hace años que son vecinos en un edificio de cuatro plantas, que podría confundirse con un moderno alojamiento de estudiantes o una residencia de ancianos de última generación. Sin embargo, los altos muros que les rodean revelan que los tres amigos tienen su libertad limitada. Aunque no tiene aspecto de cárcel, su residencia se encuentra dentro del recinto del centro penitenciario de Tegel, una prisión de alta seguridad en el barrio berlinés del mismo nombre. Steffen, Rudi y Hannes cumplieron sus respectivas condenas hace años, pero, dada su alta peligrosidad social, continúan entre rejas y es posible que nunca más recuperen la libertad. Cuando la Justicia alemana anunció sus respectivas sentencias, ordenó también que al cumplimiento de las mismas pasasen al régimen especial de custodia de seguridad, un régimen revisable, pero de carácter indefinido en caso de que la peligrosidad del afectado resulte incorregible.

La legislación alemana establece además que la custodia de seguridad no es equiparable a una condena y en ningún caso se trata de un castigo. El Tribunal Constitucional alemán ordenó por ello en 2011 a los 16 estados federados, responsables de la política penitenciaria, que crearan claras diferencias en el trato y el régimen de su internamiento frente a los reclusos que cumplen condena. Los internos en custodia de seguridad deben disfrutar de un régimen apreciablemente mejor que el de los presos normales. Con más ofertas de ocio, más terapias para superar sus trastornos psicológicos y mejores edificios para su alojamiento. En vez de pabellones con celdas, residencias con habitaciones y ventanas sin rejas, puertas abiertas y salas comunes. La construcción en el centro de reclusión de Tegel, inaugurada en otoño de 2014, cumple las exigencias de los jueces del Constitucional y de ninguna manera tiene aspecto de pabellón de prisioneros.

Una ley creada por los nazis adecuada a los derechos humanos

La custodia de seguridad tiene sus orígenes en el nazismo, que introdujo en 1933 en el Código Penal alemán una ley especial contra criminales habituales peligrosos que ordenaba su internamiento indefinido mientras supusieran un peligro para la población.

La más reciente ley para ese régimen especial de privación de libertad entró en vigor en Alemania en junio de 2013, después de que las dos Cámaras del Parlamento aprobaran una reforma que cumpliera las exigencias planteadas por el Tribunal Constitucional germano y el Tribunal Europeo de Derechos Humanos.

El tribunal que dicta custodia de seguridad junto a una condena puede también ordenar el ingreso temporal del afectado en un centro psiquiátrico o de desintoxicación si esa medida supone una ayuda para su resocialización.

Según datos de la Oficina Federal de Estadística, en 2018 había 552 hombres y una mujer internados en régimen de custodia de seguridad en cárceles alemanas. Aunque no está considerado como una pena o castigo, ese régimen de internamiento supone en muchos casos una condena a cadena perpetua.

Repartidas por sus cuatro plantas, dispone de 60 habitaciones individuales con baño de 20 metros cuadrados decoradas al gusto del ocupante y cuyas puertas permanecen cerradas solo durante la noche. Durante el día tienen completa libertad de movimientos en todo el recinto. Cada planta tiene su gran salón con sofás, televisión de grandes dimensiones y ordenador con acceso a internet limitado. En una sala cuentan también con billar y futbolín. Disponen de cocina para cuando prefieren preparar sus propios alimentos en vez de acudir al comedor común, gimnasio con modernos aparatos y hasta una sala de música con instrumentos donde todas las semanas tienen ocasión de practicar con un terapeuta especializado. En el exterior, un campo deportivo, jardines y hasta una huerta para cultivar su propia verdura. Quienes quieren trabajar lo pueden hacer en talleres de mecánica y artesanía. Cada custodiado es atendido por un psicólogo y un asistente social y si hay progresos en la terapia individual a la que deben someterse, en algunos casos podrán salir regularmente del centro acompañados por funcionarios penitenciarios, como Hannes, que periódicamente visita durante unas horas a su mujer y sus hijos, de 17 y 19 años.

Un hombre, ante la puerta de la cárcel alemana de Bruchsal.
Un hombre, ante la puerta de la cárcel alemana de Bruchsal. / A.P.

Violadores y pederastas

La Justicia alemana ordena custodia de seguridad al término del cumplimiento de la condena contra delincuentes especialmente violentos, violadores sistemáticos y pederastas incorregibles cuya libertad supone, a juicio del tribunal, un peligro para la sociedad. Debe establecerse obligatoriamente en la sentencia condenatoria y no puede aplicarse posteriormente. Más de 500 hombres y una sola mujer se encuentran actualmente en custodia de seguridad en los distintos centros penitenciarios germanos. El 70% fueron condenados por delitos sexuales graves y el resto son criminales muy agresivos. Los psicólogos que los tratan subrayan que casi todos sufren trastornos de personalidad, alteraciones narcisistas y asociales, pero también paranoias y neurosis, con marcada falta de empatía por sus víctimas. Todos tienen problemas para relacionarse. «Muchos no tienen o cuentan con muy pocos contactos en el exterior y la mayoría carece de vínculos familiares», comentan los expertos.

Son generalmente hombres como Steffen, que fue encarcelado por primera vez con 17 años y a la segunda ya no le dajaron salir mas. Hoy tiene 43 y ha pasado la mayor parte de su vida recluido. Primero en un estricto orfanato religioso, donde dice que fue sistemáticamente maltratado por una monja, y luego en prisión. Tras consumir drogas de forma descontrolada, una noche entra con un amigo a robar en una vivienda, donde les sorprende una anciana en camisón que le recuerda a la religiosa de su infancia. La atan, torturan y violan varias veces. No tardan en ser detenidos y condenados a seis años de prisión juvenil. Y nada más salir, Steffen vuelve a consumir drogas y asalta en pocos días las viviendas de otras dos ancianas, a las que, de nuevo, viola y maltrata. Ahora la condena es a 14 años y el juez ordena que a su término sea recluido en régimen de custodia de seguridad ante el peligro de que reincida si es puesto otra vez en libertad. Sus posibilidades de salir a la calle son hoy por hoy muy reducidas.

Entre rejas. Funcionarios de la prisión de Neumuenster, en el norte del país, hacen su ronda por una de las galerías.
Entre rejas. Funcionarios de la prisión de Neumuenster, en el norte del país, hacen su ronda por una de las galerías. / AFP

Los internos en custodia de seguridad tienen que ser activos si algún día quieren recuperar su libertad. Sus posibilidades son estudiadas una vez al año por una Audiencia local. Durante los primeros diez años, los custodiados deben demostrar a los peritos y el tribunal que ya no son peligrosos. A partir de ese plazo se invierte la valoración: son los peritos y el tribunal los que deben demostrar que el interno sigue siendo una persona peligrosa para la sociedad. Las puestas en libertad son siempre la excepción. Esto hace que los recluidos en ese régimen sean en muchos casos hombres de avanzada edad, que llevan en algunos casos décadas bajo la tutela forzosa del estado tras pasar por reformatorios, prisiones juveniles y centros penitenciarios. En la cárcel berlinesa de Tegel es raro el año que un interno considerado hasta poco antes como peligroso tiene la oportunidad de reintegrarse en la sociedad. El último, hace un año, estuvo 13 en custodia de seguridad.

España, la prisión permanente revisable

El juicio a Ana Julia Quezada, asesina confesa del niño almeriense Gabriel Cruz, ha despertado una vez más el debate sobre la pena máxima que existe en España, la prisión permanente revisable. Este castigo, aprobado en marzo de 2015 como parte de la Ley de Seguridad Ciudadana, fue concebido para delitos de excepcional gravedad.

La prisión permanente revisable se aplica cuando el reo haya cumplido 25 años de su condena, pueda acceder ya al tercer grado o exista un pronóstico favorable de reinserción. Entonces, un tribunal colegiado deberá valorar nuevamente las circunstancias del penado, el delito cometido y su situación personal. Esta revisión judicial periódica mantendrá, según sus ideólogos, una vigilancia constante sobre personas difícilmente rehabilitables.

El Código Penal contempla la prisión permanente revisable, según su artículo 140, para casos concretos y especialmente graves, como asesinar al Rey o a un jefe de Estado en España, matar en nombre de una organización criminal o terrorista, cometer crímenes de lesa humanidad o, como se acusa a Ana Julia Quezada, asesinar a un menor de 16 años.