Dos bolas de fuego iluminaron la noche del sureste peninsular en menos de 24 horas

J. L. ÁLVAREZ

Madrid. El Complejo Astronómico de La Hita (Toledo) observó el paso de una gran bola de fuego a las 4:54 horas del domingo, un fenómeno que volvía a iluminar la noche del sureste peninsular. Ocurrió menos de 24 horas después que otra bola de fuego pasara por la misma zona. «Ambas tienen un origen común, el cometa Encke, responsable de varias lluvias de estrellas entre octubre y noviembre», explica José María Madiedo, astrofísico y director del Proyecto Smart (Spectroscopy of Meteoroids in the Atmosphere by means of Robotic Technologies) de la Universidad de Huelva.

A diferencia de las estrellas fugaces, que tienen el tamaño de un grano de arena, este cometa «desprendió trozos de un tamaño mucho mayor, incluso de un metro de diámetro». Estos pedazos viajan a una velocidad de 100.000 km/h y «cuanto más grande es ese fragmento, más brillante es el evento». Por eso, se vieron bolas ígneas «bastante grandes y considerables», según Madiedo, que indicó que lo ocurrido «entra dentro de la normalidad», ya que el comenta Encke «produce fragmentos todos los años en estas fechas, aunque dos noches seguidas es una frecuencia un poco alta, no es inusual».

Hielo sucio

Los fragmentos que impactan contra la atmósfera son trozos de hielo y roca del cometa, «que no llegan al suelo» dado que se destruyen a gran altura. La bola de fuego del domingo se destruyó a 53 kilómetros sobre la provincia de Albacete y la del sábado estalló a 63 kilómetros del suelo sobre Almería. Ambas eran de hielo sucio. «Es como si cogiéramos un trozo del hielo del congelador, lo arrastráramos por el suelo y se quedase lleno de trocitos de tierra», dice el profesor Madiedo. Es un «material muy frágil» que «se golpea contra la atmósfera a enorme velocidad y se genera la bola de fuego al arder el material, que se destruye conforme va cayendo».

Es distinto de los meteoritos, que sí llegan a tierra. «De todos los objetos -rocas espaciales- catalogados, no hay ninguno en cien años represente un peligro para el planeta», tranquiliza Madiedo. «En cualquier momento puede aparecer algún objeto desconocido y la situación cambiaría», advierte pidiendo a los gobiernos planes de actuación contra el posible impacto de un gran objeto. «A diferencia de los dinosaurios, nosotros no nos quedamos a verlas venir. Tenemos inteligencia y debemos usarla», apuntó el responsable del Proyecto Smart.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos