EL BELÉN DE LA BENE

ALBERTO PIZARRO - CRÍTICA DE ARTE

En la Bene, antigua Beneficencia de Logroño, se expone hasta el 7 de enero un 'Belén Monumental de Plastilina' cuyo autor, como en los talleres de los artistas de antaño, no figura en los papeles.

El arte del belenismo nació por obra de san Francisco de Asís, quien, en una cueva próxima a la ermita de Greccio (Italia), celebró una misa nocturna, representando la escena del nacimiento de Cristo mediante un pesebre, con el buey y la mula, pero sin figuritas ni personas... Aunque cuenta la leyenda que, debido al frío, el muñeco elegido para representar al niño Jesús rompió a llorar en la hora del nacimiento.

En España es una tradición cuyos primeros impulsores fueron Carlos III y su esposa, Amalia de Sajonia. Importaron la costumbre napolitana de montar el nacimiento durante las Navidades, haciendo traer de allá 7.000 estatuillas. Las clases más altas y la nobleza copiaron la tradición, y con el paso de los años también las clases humildes.

En nuestro país hay buenos imagineros: Mayo Lebrija, Martín Castells, Martí, Almansa, Hnos. Griñán, Serrano, Amo, Guillén, Galán, Decorate, Miranda, Jiménez, Ramírez Pazos, etc. ¿Vivirán todos? En Navidad es cuando pasamos lista mentalmente, con dolorida fruición -perdón por el oxímoron-, de quienes ya no están entre nosotros.

Hoy las antiguas figurillas de barro están siendo sustituidas por las de plastilina -material termostable y flexible empleado para modelar-, inventada en Alemania a demanda de los escultores, quienes se quejaban de que la arcilla que usaban se secaba enseguida y en verano era difícil trabajar con ella.

La plastilina es utilizada por algunos artistas plásticos contemporáneos (Carmelo Argáiz, entre los riojanos) para la realización de maquetas, como recurso a modo 'pintura' con textura maleable, y en particular por los niños en sus juegos, habiéndose comprobado que puede ser un buen relajante para los hiperactivos.

La representación de la Bene está llena de gracia y detalle, es caricaturesca, chungona y alegre. Es de desear que este belén se conserve para que, aquí o allá, siga exponiéndose año tras año, para deleite de niños, nostalgia de mayores, y quién sabe si como despertador de vocaciones plásticas. Quien se decida a crear un belén así podrá modificar a gusto las figuras, y acometer reparaciones inmediatas sin sufrir las regañinas que soportamos otros, cuando niños, al mutilar las de barro en el afán de ir moviendo a los Reyes Magos con sus respectivos séquitos, urgidos porque llegasen cuanto antes al Portal y a casa con los regalos. Pero la fecha era inamovible. Los chiquillos de ahora tienen la suerte del anticipo de Santa Claus. La lástima, ya digo, es no saber el nombre del artista o artistas. Recomiendo, pues, la visita, especialmente a los que se tienen por maestros de la escultura en La Rioja. Quizá puedan enterarse de los nombres y de lo que es humildad. Entre otras cosas.