Asesinatos 'online' en el verde paraíso de Urdaibai

El escritor donostiarra Ibon Martín con la ermita de San Juan de Gaztelugatxe al fondo. :: Asís Ayerbe/
El escritor donostiarra Ibon Martín con la ermita de San Juan de Gaztelugatxe al fondo. :: Asís Ayerbe

«Las redes acentúan el morbo y hacen que la violencia resulte hipnótica», dice Ibon Martín, impulsor del 'thriller euskandinavo'

MIGUEL LORENCIMUNDAKA (VIZCAYA).

Urdaibai es un paraíso. Una reserva de la biosfera cuya bucólica paz se verá quebrada por la irrupción de un sofisticado asesino en serie que retransmite por Facebook unos crímenes que rubrica con flores. Son los mimbres de 'La danza de los tulipanes' (Plaza & Janés) el 'thriller' con el que Ibon Martín (San Sebastián, 1976) impulsa su salto sin red del periodismo y las guías de senderismo al negro género 'euskandinavo'. Convierte el verde paraíso de la ría vizcaína en un negrísimo infierno, con maltratadores, violadores en manada, acosadores y monjas cómplices de crímenes.

«Me hice novelista de forma inesperada», confiesa Martín. Dedicado durante años a buscar sus propias rutas, «hacer las fotos y pagar a la imprenta» sus exitosas guías de viaje, en un solitario invierno catalán la añoranza de los paisajes de San Juan de Gaztelugatxe, Mundaka, las playas Laga y Laida, el bosque de Oma o San Pedro de Atxarre devolvieron su mente a Urdaibai. Imaginó cómo el cadáver de la periodista más conocida de Gernika aparecía maniatado sobre las vías del tren y con un delicado tulipán rojo entre las manos. Quiso que dos mujeres ertzainas, Ane y Julia, fueran las encargadas de desvelar el intrincado y sangriento misterio de los tulipanes.

Armó una intriga «profundamente vinculada a mis raíces y el paisaje vasco». Empezó a escribir «para vencer el tedio». Pensaba en una familia que habitaba un caserío del siglo XV, hasta que todo dio un giro copernicano y el idílico tren de las marismas se convirtió en un arma letal y el tulipán en la firma de un asesino exhibicionista.

«Los asesinos en serie suplen en el imaginario a monstruos como Frankenstein o Drácula»

«Quise cultivar tulipanes y fracasé. Nadie los tiene en casa; es casi imposible, pero hay una legión de frikis que quieren dar su nombre a una variedad. Debes armarte de paciencia, esperar cinco años para que florezcan las semillas o buscar bulbos», explica. De aquella frustración y de la fascinación por la rareza y el encanto de la rotunda flor neerlandesa «surgió la marca del asesino».

Algo que romperá los esquemas de los investigadores de la Unidad de Homicidios de Impacto de la Ertzaintza que comanda Ane Cestero. «La imposibilidad de obtener tulipanes en octubre les hace ver que están ante una mente fría calculadora y de pasmosa meticulosidad», señala. Un asesino en el verde edén vizcaíno «que necesita enseñar en internet una 'obra' que sumó 100.000 visualizaciones». Nada extraño si se piensa que «los narcos mexicanos retransmiten sus asesinatos o los terroristas islámicos sus ejecuciones». «Vimos como la masacre de la mezquita de Nueva Zelanda se emitió por Facebook. Es perturbador y preocupante; los mismos que se escandalizan son, quizá, quienes pinchan antes para ver los vídeos. Somos morbosos de por sí, pero las redes sociales acentúan ese morbo y hacen que la violencia resulte casi hipnótica», asegura Martín. «Es escalofriante. No hay filtros previos, y contarlo es una manera de denunciarlo», sostiene.

Violencia extrema

La violencia que narra alcanza niveles extremos, pero no cree Martín que su imaginación vaya más allá de lo que vemos en los telediarios, la prensa o las redes. «Crees que planteas algo increíble, por truculento, pero la realidad te demuestra que te equivocas: siempre acaba superando a la ficción». Sabe que «una novela negra explica mejor lo que nos pasa que un ensayo». «La imaginación es libre y te permite piruetas y malabares impensables en un ensayo. Más, si pretendes mostrar las zonas oscuras del alma, entrar en la mente del asesino y buscar las motivaciones de quien cree realizar una gran obra y que todo está justificado», asegura.

Si antes nos aterrorizaban los vampiros y Frankenstein, cree el narrador que los asesinos en serie «son los nuevos monstruos». «Aquellos eran fantásticos y estos son muy reales. Sabemos que no hay cíclopes y que Drácula es ficción, pero los asesinos en serie están entre nosotros y se han colado en nuestro imaginario», dice Martín.

¿Cualquiera podría ser un asesino? «Sí. No siempre son perturbados o psicópatas. Podría serlo el simpático vecino que te saluda cada día. Una extraña motivación puede activar en cualquiera la pestaña que lo subvierte todo en un instante para que alguien afable deje de discernir el bien del mal y pierda la empatía; aunque para eso hay que tener algún plomo fundido», asegura. «Planteo en la novela cómo cualquiera, bajo circunstancias terribles, puede perder el norte y albergar un infinito deseo de venganza», dice reconociendo que «la normalidad es a veces más terrible que la anormalidad».

«Me divertía meterme en la cabeza de dos mujeres y mostrarme a través de ellas», explica sobre sus investigadoras. «Cada noche, cuando Julia llega a casa en Mundaka cargada con el peso de los casos que investiga, se lanza a nadar para formatear la mente, que es lo que yo hago», confiesa el escritor. Cree que sus investigadoras «aportan más sensibilidad, empatía y reflexión».

Martín vendió 50.000 ejemplares de 'Los crímenes del faro' serie inaugural del género 'euskandinavo' que explora la conexión entre el País Vasco y el gélido norte europeo. Más cercano al 'noir' escandinavo que al anglosajón, «también me encanta Pierre Lemaitre», dice apostando por la tercera vía. «Pero es la escandinava la que más me sugiere y la que me invitó a escribir 'La danza de los tulipanes'», admite. «Es el principio de una serie en que la Unidad de Homicidios de Impacto se moverá por el País Vasco, sin descartar que vayan a otros entornos y trabajen con otros cuerpos policiales como la Guardia Civil», concluye.