El artista Ai Weiwei chino denuncia la demolición de su estudio en Pekín

ZIGOR ALDAMA HANGHÁI.

S Primero aparece un ideograma dentro de un círculo rojo pintado en las paredes: 'chai', demolición, es lo que se lee en los edificios que van a ser pasto de las excavadoras en China. Los planes urbanísticos en el gigante asiático se deciden sin consultar con los vecinos. China es un país comunista en el que el suelo pertenece al Estado.

El artista y disidente Ai Weiwei ni siquiera fue notificado con el grafiti. El viernes, los equipos de demolición se presentaron en su estudio de Pekín, en el barrio de Caochangdi, y comenzaron a derribarlo. Ai explicó en las redes sociales que era «una fábrica de estilo socialista» y en su interior produjo gran parte de las obras. «Adiós», se despidió ayer en Instagram, donde publicó fotografías y vídeos de los obreros. «Hoy han comenzado a destruir mi estudio sin previo aviso», añadió.

No es la primera vez que una de sus propiedades termina reducida a escombros. En 2011 su estudio en Shanghái corrió la misma suerte. Ai, muy crítico con el régimen chino, consideró que aquel fue un acto deliberado para castigarle por sus obras. No en vano, también en 2011, las autoridades hicieron desaparecer al artista durante 81 días, y luego Hacienda lo condenó por una evasión fiscal que él siempre ha negado. No obstante, todo apunta a que, en esta ocasión, su estudio de Pekín ha caído víctima del urbanismo chino.

El creador abandonó China en 2015, después de cuatro años en los que se le negó el pasaporte, y se estableció en Alemania, un país al que también acudió con una emergencia médica cuando agentes de policía le propiciaron golpes en la cabeza que hicieron temer por su vida.

 

Fotos

Vídeos