«Giacometti sentía pasión por Rodin»

El escultor Alberto Giacometti./
El escultor Alberto Giacometti.

El historiador del arte Franck Maubert indaga el origen y la vigencia de 'El hombre que camina', una de las grandes obras del escultor suizo

Álvaro Soto
ÁLVARO SOTOMadrid

«Mi primera impresión, cuando vi 'El hombre que camina', fue la de sentir un 'shock' estético», asegura el periodista e historiador del arte Franck Maubert (1955), que pone palabras a esa fascinación en un libro publicado por Acantilado. El ensayo 'El hombre que camina' indaga en la gran obra del artista suizo Alberto Giacometti (1901-1966), que puede verse hasta el 7 de julio en el Museo del Prado.

«Giacometti sentía pasión por Rodin, y también amaba el arte egipcio y el etrusco», cuenta Maubert para diseccionar las influencias de Giacometti. Pero para explicar la creación de 'El hombre que camina', hay que viajar hasta después de la Segunda Guerra Mundial, tras la liberación de Francia, cuando el artista, en su pequeño taller de París, comienza a diseñar una estatua para homenajear a los grandes resistentes. Estas estatuas no acaban viendo la luz, dice Maubert, pero crean el germen de su gran obra.

«Es una obra existencialista. Giacometti era muy amigo de Sartre, aunque luego se enfadaron, pero sí es la representación del hombre existencialista, 'el hombre es lo que se hace a sí mismo'. En 'El hombre que camina' hay algo de vencido y al mismo tiempo, algo de victorioso. Es la concienciación de lo que es el hombre y de lo que es la vida y sus peligros», apunta Maubert.

«Durante la guerra comenzó a modelar esculturas escuálidas y después de la guerra, se produjo la liberación de los supervivientes de los campos de concentración, que se encontraron con sus familias junto a Montparnasse. Él no podía ignorar aquello. 'El hombre que camina' tiene similitudes con los presos recién liberados, pero Giacometti nunca lo reconoció porque afirma que empezó antes a crear figuras escuálidas», sostiene el autor. «Para entender el arte de Giacometti hay que ir a Samuel Beckett: 'Crear es fracasar'. Él pensaba que una obra jamás estaba terminada y al final tenían que quitársela de las manos».