Las apuestas, el juego que sangra los barrios populares

Unos salones de juego en la madrileña calle de Alcalá. :: Alberto Ferreras/
Unos salones de juego en la madrileña calle de Alcalá. :: Alberto Ferreras

«Hay menores con deudas de miles de euros», alertan las asociaciones que luchan contra la ludopatía Las salas proliferan, se concentran en las barriadas azotadas por la crisis y suplen al castigado comercio tradicional

MIGUEL ÁNGEL ALFONSO MADRID.

«¡Gana, gana, gana!». «¡Apuesta, apuesta, apuesta!». Una voz en off repite ambas frases en la pausa publicitaria de un televisado Barça-Real Madrid. En otro anuncio un conocido actor invita a probar suerte y elogia a «la casa de apuestas más grande del mundo». En el inicio de la segunda parte del partido el locutor informa de los premios que se percibirán por cada resultado acertado bajo el rótulo de 'publicidad'. En España los fumadores nunca verán un anuncio que les incite a fumar y se restringe la publicidad de bebidas alcohólicas. Pero el ludópata no tiene protección legal contra el constante bombardeo publicitario.

Aunque hablamos de anuncios de juego 'on line', las apuestas deportivas regresan con fuerza a nuestras calles y buscan los barrios más azotados por la crisis. Existen hoy en España 2.896 salones de juego, 425 más que el año anterior. En estos locales sin ventanas hay 'tragaperras' clásicas, pantallas que simulan mesas de póquer o maquinas con gancho para atrapar relojes y peluches. En algunas se sirven hamburguesas y cerveza -a veces gratis para retener a los clientes el mayor tiempo posible- pero su imán son las apuestas deportivas a través de televisores que retransmiten en directo todo tipo de eventos, de carreras de galgos a partidos de rugby.

«Cada vez se abren más y son mucho más peligrosas. Hay calles con una sala frente a otra. Es una tentación enorme para los jugadores rehabilitados», explica Victoriano Dolada, presidente de la Asociación Prevención y Ayuda al Ludópata (APAL). Recuerda que «un ludópata se rehabilita, pero nunca se cura», y reconoce que cada vez reciben más llamadas de jugadores y familiares pidiendo ayuda. «Son unas cincuenta al mes y todas hablan de situaciones muy duras. Cada vez hay menos controles para jugar. Debería ser obligatorio exigir el DNI, pero no siempre se pide y es muy fácil ver a menores entrar tranquilamente en las salas», denuncia.

Desde Cejuego, la asociación que agrupa a las principales empresas del sector, niegan las acusaciones. «El juego de menores está prohibido, pero cada regulación autonómica es distinta. En Castilla La Mancha a todo el mundo se le pide el DNI en la entrada. Hay otras que en casinos y bingos exigen el mismo control de entrada, pero en las salas de apuestas no se exige, aunque se obligue a impedir la entrada menores y jugadores autoprohibidos», explica Alejandro Landaluce, su director general.

A menos dinero...

Los españoles jugaron 1.681 millones de euros en apuestas presenciales en 2017, un 14% más que el año anterior. La proliferación de los salones de juego en los barrios humildes no es casual. Suplen al comercio tradicional, a los bares, zapaterías, colchonerías o ultramarinos castigados por la crisis, por el comercio en internet o la falta de relevo generacional. El distrito madrileño de Vallecas es un caso paradigmático. En menos de 250 metros hay diez salas de juego entre la avenida de la Albufera y la calle Peña Gorbea, dos de su vías principales. Hay muchos barrios más. Cuando la renta per cápita del barrio baja de los 25.000 euros, se dispara el número de locales de apuestas. Unos 670.000 españoles apuestan al menos una vez al año. Según la memoria de 2017 de la Federación Española de Jugadores de Azar Rehabilitados (Fejar) el perfil de quienes les piden ayuda es el de un hombre (92%) de entre 20 y 40 años (48%), solteros y con estudios primarios. «Cada vez vemos más casos de menores que se saltan el recreo para ir a apostar», denuncia Dolada.

Cita casos sangrantes como el de un chaval de 15 años que acumulaba 26.000 euros en deudas de juego.

 

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