Amistad entre fiestas, drogas y un líder chulesco y violento

Una vecina muestra la imagen de la pandilla en su móvil. :: i. M./
Una vecina muestra la imagen de la pandilla en su móvil. :: i. M.

Uno de los miembros, Joffre, tiene 22 años y cuatro denuncias de otras mujeres atacadas, actuando siempre en el mismo barrio de Alicante

J. A. MARRAHÍ VALENCIA.

Callosa d'En Sarrià parece condenada a vivir pesadillas. En 2007, un vecino asesinó de 87 puñaladas a su exmujer. Ahora otra mujer, esta vez de 19 años, es víctima de una brutalidad machista: la agresión sexual grupal por la que cuatro jóvenes están en prisión.

Fue en el instituto donde se gestó la amistad de algunos de esos chavales de la bautizada como Manada de Alicante. No eran compañeros de clase, pero tenían en común ser hijos de inmigrantes ecuatorianos, país donde nacieron antes de obtener la nacionalidad española.

Han crecido en familias humildes que habitan en un estrecho radio entre las empinadas calles de Callosa. Según los vecinos, sus padres son «gente de bien» que, como tantos otros, «trabajan en la agricultura, la construcción o la hostelería». Ecuador, el 'insti' y las calles de Callosa marcaron sus lazos. Pero también las salidas nocturnas por Benidorm o, como se ha demostrado tras su arresto, el consumo de drogas. Cocaína, alcohol y cannabis son sustancias que salen a relucir en las declaraciones judiciales. Tras un paso por el centro en el que ya no se les recuerda en Bachillerato, la mayoría de la Manada de Callosa optó, como sus padres, por trabajos en el campo, en bares o en restaurantes.

Los policías no los recuerdan como especialmente conflictivos, «más allá de algún altercado o molestias por ruido». Pero hay una excepción: Joffre T. B. Con 22 años, los vecinos lo definen como el clásico chulito impulsivo y peligroso, pero con algo mucho más oscuro: acumula otras tres denuncias de jóvenes víctimas por hechos similares a los de Nochevieja. La investigación lo sitúa como un presunto violador en serie de jóvenes de su entorno. Lo acusan la exnovia de uno de los arrestados, una joven de 22 años, una expareja de 18 y una menor de 17. Todas por abusos o agresiones entre enero y octubre del año pasado.

Curtido en la noche

Joffre conocía bien Benidorm, donde el grupo contactó con la última víctima. Había tenido empleos en la hostelería local y se movía con soltura en el mundo de la noche. Su versión ante las acusaciones es la del «no me acuerdo». «Tomé varios gramos de cocaína y alcohol en cantidad exagerada», manifestó. Ahora, junto al resto, trata de lidiar con su nueva vida en prisión.

Las supuestas acciones del grupo dejan una honda herida. La joven de 19 años atacada en Nochevieja prefiere mantenerse en el anonimato. Dice sentir «tristeza, vergüenza y pesar». Su abogado, Francisco González describe como «repugnantes» sus cinco minutos de infierno y sometimiento en un vídeo que podría convertirse en la puntilla judicial para el grupo. «Me vienen fogonazos, pero no recuerdo bien lo que pasó», describe la chica. Su memoria llega hasta el apartamento de Benidorm en el que siguió bebiendo con los sospechosos. A partir de ahí, fundido en negro. Esa ausencia de recuerdo hace, según el letrado, que se encuentre «más o menos bien, dentro de su evidente sufrimiento e incertidumbre».

Más