«Hay que aceptar que la vida se juega en un espacio donde gobierna el absurdo»

Alejandro Palomas. :: f. gómez
/
Alejandro Palomas. :: f. gómez

El autor de 'Un amor', Premio Nadal 2018, abre el curso del Ateneo con una reivindicación «del tiempo emocional» Alejandro Palomas Escritor

J. SAINZ LOGROÑO.

«Esperando mi turno en la frutería -escribe en su facebook-. Madre con hija de siete años que no se separa de sus faldas. Entablo pequeña conversación con la niña y cuando le pregunto que por qué quiere tanto a su madre, la respuesta me ha dejado tan en shock que le he pedido que lo escribiera en un trozo de papel que me ha dado la frutera: 'porque no se rompe'».

Sin entrar en detalles, Alejandro Palomas (Barcelona, 1967) se ha roto -o le han roto- unas cuantas veces y otras tantas ha preferido reconstruirse a sí mismo y seguir adelante. Quizás por eso le asombran las certezas inquebrantables de los niños. Premio Nadal 2018 por 'Un amor', Premio Nacional de Novela Infantil y Juvenil 2016 por 'Un hijo' y finalista del Primavera 2011 por 'El alma del mundo', es también poeta (acaba de publicar 'Quiero'). Un hombre solitario y, después de media vida en la batalla de vivir, una persona en paz consigo misma. Hoy abre el curso del Ateneo Riojano (a las 19.30 h.) con una charla sobre 'El tiempo que nos une'.

-Hablemos del tiempo entonces.

«Vivir con alivio es muy complicado y yo he conseguido que el silencio me hable bien de mí»«No me da miedo la muerte, con lo cual tampoco me da miedo la vida. Eso es lo bueno»

-Tengo tres obras con la palabra tiempo en el título: el poemario 'Tanto tiempo' y las novelas 'El tiempo que nos une' y 'El tiempo del corazón'. Lo cierto es que el tiempo es una constante en mi obra: tiempo emocional versus tiempo físico o lineal.

-Describa tiempo emocional.

-Es esa cosa inclasificable e intangible que hace que el tiempo real sea también necesario como los raíles sobre los que avanzar y volver atrás. Sin esa referencia es muy complicado manejar la libertad.

-Medimos el tiempo de las personas en edad y los cincuenta es la edad de la crisis existencial. En su caso parece la edad propicia para empezar con una piel nueva.

-Es un poco así. Conseguí el Nadal con cincuenta, que me parece algo significativo. No sé si los cincuenta son los nuevos treinta y cinco pero yo me siento en plenitud absoluta y, sí, ha sido el momento de empezar de nuevo con todo el bagaje que ya tengo pero sin ninguna melancolía.

-Entiendo que esa plenitud, más que fruto del éxito, es plenitud íntima. ¿Cómo se alcanza?

-Sí. El reconocimiento exterior te pone ante un espejo que puede ser más o menos agradable, pero lo que ves en el espejo es siempre lo que tienes dentro. Lo fundamental en mi caso es que he conseguido el alivio. Vivir con alivio es muy complicado y yo he conseguido que el silencio me hable bien de mí.

-Acallar aquellos versos de Machado: '... Yo vivo en paz con los hombres y en guerra con mis entrañas...'

-Así es. Si uno no hace las paces consigo mismo no llega; la frontera se queda muy pequeña. Por eso a esta edad es más importante el tiempo emocional, porque el tiempo real nunca lo marcas tú.

-¿El alivio del que habla puede ser completo cuando las heridas del tiempo son muy profundas? ¿Llega a recomponerse una persona rota?

-Yo he tenido que hacerlo muchísimas veces. Me he destruido muchísimas veces y me he reconstruido otras tantas. Yo crecí y he vivido con la muerte muy de la mano. He contemplado muchas veces la posibilidad de desaparecer y he visto la muerte como algo muy real. No me da miedo la muerte, con lo cual tampoco me da miedo la vida. Eso es lo bueno.

-¿De ahí surge la esperanza o la aceptación de lo que haya de venir?

-De ahí surge el niño, la capacidad de jugar. Cuando no hay miedo, juegas; sabes que puedes jugar al lado del barranco y que podrías tirarte, pero eliges no hacerlo.

-¿Esa paz interior ayuda a encontrarle sentido a la vida o sigue pareciendo igual de absurda?

-A mí me sigue pareciendo igual de absurda [ríe]. Yo reconozco cuándo empiezo a estar mal cuando me planteo la pregunta de qué sentido tiene la vida. Esa pregunta no tiene respuesta y lo que sigue a eso es la depresión. Y la depresión es una prisión; la falta de libertad. Hay que aceptar que la vida se juega en un espacio donde gobierna el absurdo.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos