ABUSO DE SUPERIORIDAD

La intimidación no es sólo amenazar con ejercer un daño directo, sino otras conductas coactivas

LUIS LAFONT - FISCAL

Ayer conocimos el segundo paso judicial del 'caso de La Manada'. El Tribunal Superior de Justicia de Navarra confirma sustancialmente la sentencia dictada por la Audiencia Provincial. Dos posiciones contrapuestas y ambas razonables. La mayoritaria, que ratifica la de la Audiencia y considera que hay abuso sexual y no agresión porque la intimidación exige una amenaza, y la de los votos particulares, que aprecian intimidación por el hecho de que la víctima esté rodeada por los procesados de fuerte complexión, de mayor edad, en un sitio del que no puede huir sin más alternativa que adoptar una actitud de sumisión y pasividad en la que hizo todo lo que le ordenaban. Cuando desde una posición de superioridad se anula la racionalidad de una persona, se la confunde, se la humilla y se consigue una disociación de la realidad. En definitiva, se la trata como una maleta y se logra que reaccione como tal, sin expresar sentimiento de aceptación o rechazo. El agresor cosifica a la víctima. Busca infundirle miedo por vías distintas de la amenaza, pero igual de eficaces para que la víctima reaccione como un autómata que no puede negarse a cumplir las órdenes. Citan los magistrados discrepantes la jurisprudencia que habla de la coacción psíquica de cualquier persona adulta rodeada por un grupo de varones dispuesto a satisfacer sus necesidades sexuales.

Con independencia de una reforma legal que clarifique los casos; cabe destacar que el Tribunal Supremo ha aceptado, por ejemplo, en la trata, que la intimidación no es solo amenazar con ejercer un daño directo a la víctima o a sus familiares, sino otras conductas coactivas como quitarle el pasaporte. No son conceptos totalmente distintos, en todo abuso de superioridad hay intimidación. Lo explica muy bien la sentencia condenatoria de Navarra «pues la víctima -en el prevalimiento (ese abuso de superioridad)- en alguna medida también se siente intimidada». La intimidación y el abuso de superioridad se equiparan en gravedad por el legislador de la Unión Europea como mecanismos para doblegar la voluntad de la víctima. Rompe la coherencia del ordenamiento que en los delitos contra la libertad sexual se mantengan criterios más restrictivos que en los de trata con fines de explotación sexual y el abuso de superioridad sea menos grave que la intimidación. Dentro o fuera de la intimidación, el abuso de superioridad debe tener la misma respuesta.

Otra cuestión que aborda la Sala es la presencia de juicios paralelos y posibles presiones políticas. La Sala las descarta. No hay influencia mediática ni puede haber sospechas de presión política. Tras las afirmaciones del ministro sobre la singularidad del juez que suscribió el voto discrepante en la primera sentencia, no hubo nuevas pruebas de cargo ni cambios interpretativos sin fundamento de los órganos judiciales, sino manifestaciones de jueces y fiscales en defensa de la independencia judicial. El tribunal llama a la responsabilidad de los políticos.

 

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