«Todos negociamos y tenemos que aprender a negociar con el mal»

El escritor Luis Landero, autor de novelas como 'Juegos de la edad tardía' y la nueva 'La vida negociable', en una imagen promocional. ::/
El escritor Luis Landero, autor de novelas como 'Juegos de la edad tardía' y la nueva 'La vida negociable', en una imagen promocional. ::

Luis Landero, autor de 'Juegos de la edad tardía' presenta hoy su nueva novela, 'La vida negociable' en Santos Ochoa

DIEGO MARÍN A.

Después de un último libro autobiográfico, 'El balcón en invierno', que mereció los premios 'Libro del Año' del Gremio de Libreros de Madrid y el Dulce Chacón, el escritor Luis Landero (Alburquerque, Badajoz, 1948), exprofesor de Literatura en la Escuela de Arte Dramático de Madrid y profesor invitado en la Universidad de Yale (EEUU), autor de obras como 'Juegos de la edad tardía' (Premio de la Crítica y Premio Nacional de Narrativa), ha regresado a la ficción con 'La vida negociable' (Tusquets, 2017), que presenta hoy a las 19.30 horas en el Espacio Santos Ochoa de Logroño junto a Lino Uruñuela.

Título: 'La vida negociable'.

Autor: Luis Landero.

Editorial: Tusquets.

Páginas: 336.

Precio: 19 euros.

uSinopsis: Hugo Bayo, peluquero de profesión y genio incomprendido, les cuenta a sus clientes la historia de sus muchas andanzas, desde su adolescencia en un barrio de Madrid hasta el momento actual, ya al filo de los cuarenta, en que sigue buscándole un sentido a la vida.

-¿Podemos considerar 'La vida negociable' una novela picaresca actual?

-Como autor de la novela, no había caído en eso. Ahora, si los lectores y los críticos lo dicen, algo de verdad habrá en eso. Lo que pasa es que cuando hablamos de picaresca, hablamos de 'El lazarillo', 'El buscón'... es decir, de la picaresca española de los siglos XVI y XVII. A partir de ahí el género se difumina. 'Las aventuras de Huckleberry Finn' de Mark Twain o el 'Tom Jones' de Fielding pueden ser también novelas picarescas porque alguien, en primera persona, cuenta sus infortunios y aventuras. Por tanto, mi novela puede que tenga un aire picaresco, pero ya difuminado. En definitiva, no lo sé, pero puede que sí. Si lo es, tampoco me parece muy significativo.

-Después de haber publicado una obra autobiográfica, ¿se ha vertido en 'La vida negociable' algo también de autobiografía?

-No que yo sepa. Es una obra muy distante a mi vida personal, pura invención. Se habrán colado cosas que he vivido o he visto vivir, pero nunca se sabe. Los demonios literarios son tan profundos que uno, a veces, ni siquiera es consciente y a saber lo que puede salir de la trastienda de cada cual.

-Quizá lo que uno no se atreve a contar como autobiográfico sí lo narra como ficción...

-Un escritor se nutre de lo que vive y ve vivir. Desde ese punto de vista puede ser autobiográfico pero porque se es testigo de la vida.

-Una pregunta técnica: ¿por qué prescinde de guiones y comillas en los diálogos?

-Ya lo hice en la novela anterior. Porque, al escribir en primera persona, me parecía artificioso poner guiones. Más que nada, quizá, lo hago para subrayar el carácter oral que tiene la novela. Alguien cuenta a los que se supone que son los clientes de una peluquería. Poner guiones, me parece, no va con el espíritu de la primera persona, sería como una impertinencia del autor. También creo que no estorban, pienso que le da más fluidez a la narración. Es más una intuición.

-Su novela, o su estilo narrativo, por tanto, ¿es un alarde de narración?

-Desde el principio me di cuenta de que la novela tiene mucho ritmo. Nada más comenzar a escribir uno siente que va como un tiro. Entonces pensé que el tono rápido y ágil debía mantenerlo hasta el final. También porque una primera persona es alguien que cuenta y quería darle un tono de lenguaje oral. Al fin y al cabo, lo que yo conocí en mi infancia fue a través del lenguaje oral. Y creo que el verdadero objetivo del idioma está ahí. No hay más que ver 'El Quijote'. Pero el lenguaje oral elaborado literariamente, claro, no el de la calle, ese no sirve ni para una novela ni para un guion de cine. Cuando hablamos, el lenguaje tiene creatividad, espontaneidad, frescura... Eso he intentado yo en la novela. El ritmo que pueda tener es por eso, porque parece que te están contando la historia en voz alta.

-¿Y desde dónde escribe el narrador, ha llegado a 'algo' en la vida?

-No, no ha llegado a nada, pero es que, cuando uno es joven, siempre negocia al alza. Uno siempre va a ser puro, genial, no se va a corromper ni manchar con el barro de la vulgaridad, su amor va a ser la leche... y luego, cuando ya tiene unos años, va negociando a la baja. Sin embargo, este personaje negocia siempre al alza, incluso cuando es mayor. Yo me lo imagino con 50 años soñando con que la vida le dé más de lo que la vida le puede dar y escribe desde esa posición. No ha conseguido encontrar el destino brillante que le espera, pero cree que es joven y que, a lo mejor, aún está por llegar.

-¿Pero realmente la vida es negociable o sólo lo es en la literatura?

-No hay más que leer un periódico para ver que todo es negociable, hasta las cosas más horribles. Todos negociamos y tenemos que aprender a negociar con el mal. En esa medida, también debemos saber cuál es la línea roja que no traspasar. En eso está la ética. Muchas novelas tratan donde sobre dónde situar esa línea, como 'Crimen y castigo', de Dostoievski.

-Un chascarrillo para acabar. ¿Por qué usó el nombre de su amigo, el profesor riojano Lino Uruñuela, como alias de un personaje en 'Juegos de la edad tardía'?

-Lino es muy amigo mío, desde 1978, antes de que yo publicara. Escribiendo 'Juegos...', como es muy bromista, me pidió que lo sacara y lo saqué. Ya lo he sacado en otras novelas. Hay críticos literarios que dicen que es un personaje de ficción.

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