Baja la fiebre editorial por la Guerra Civil

Enrique Moradiellos :: R. C./
Enrique Moradiellos :: R. C.

Los grandes estudios globales dejan paso a formatos como el cómic, las síntesis o las investigaciones puntuales

MIGUEL LORENCI MADRID.

Baja la fiebre editorial por la Guerra Civil. Mañana se cumplen 80 años del estallido de una guerra crucial para el siglo XX y que generó una bibliografía apabullante. Casi todo está dicho sobre la fratricida contienda. Aunque el tema no se agotará nunca, ahora se aborda en formatos inéditos como el cómic, en síntesis ultraconcentradas o poniendo la lupa en asuntos puntuales. Se quiere arrojar luz sobre episodios y personajes olvidados y despertar la atención del público más joven. Un análisis en el que coinciden el hispanista Paul Preston, su discípulo Enrique Moradiellos y el historiador Octavio-Ruiz Manjón, los tres con libros innovadores sobre la guerra y muy críticos ante un interesado revisionismo.

«La Guerra Civil no es un tema agotado», asegura Paul Preston (Liverpool, 1946) hispanista y autor de ensayos definitivos sobre la contienda que, con viñetas de José Pablo García (Málaga, 1982), traduce al cómic 'La Guerra Civil española' (Debate). «En todos los países -explica- los jóvenes en general no tienen gran interés por su historia y esta iniciativa, más de mis editores, quiere llegar a esos jóvenes y a muchos adultos que dudan ante un libro denso y quizá abordan el tema en este formato». Un anhelo en el que coincide con Arturo Pérez-Reverte, que tomó la delantera hace unos meses publicando 'La guerra civil contada a los jóvenes' (Alfaguara), controvertido libro que ilustra Fernando Vicente.

Es «normal y saludable» para Preston pasar de los estudios globales a aspectos más concretos, pero denuncia el sesgo de algunos análisis «más políticos que históricos». «Hay un enorme esfuerzo para reivindicar la ilegítima dictadura de Franco y justificar el comienzo de la Guerra Civil que no se hace mediante nuevas investigaciones, y sí volviendo a interpretaciones más bien antiguas de la historia ya conocidas», dice el autor de 'El Holocausto español' o 'El final de la guerra'. Cree Preston que «fomentar el olvido es fomentar la ignorancia» y que el Gobierno del PP lo hace «enterrando la Ley de la Memoria Histórica». «El estribillo es que no hay que remover las cenizas, cuando para mi, estudiar la historia no es remover las cenizas», dice el hispanista. Trabaja ahora en una historia de España desde la Primera República a la actualidad, «centrándome en la corrupción, la incompetencia política y el colapso de la cohesión social». A su juicio el personaje más interesante de la Guerra Civil es Juan Negrín, presidente republicano «bastante maltratado por la historia muy injustamente».

«En 1986, con el 50 aniversario, había 15.000 libros sobre la guerra; en 2007 se cifraba en 40.000, pero ahora ese caudal ha bajado», dice Enrique Moradiellos (Oviedo, 1961) historiador y catedrático que ha resumido la contienda en 50.000 palabras. 'Historia mínima de la Guerra Cilvil' (Turner) está en las librerías junto a los escritos de Manuel Azaña: 'A la altura de la circunstancias' (Reino de Cordelia). Si Azaña hablaba en su discurso del 18 de julio de 1938 de «paz, piedad y perdón», Moradiellos centra su análisis en «reforma, reacción y revolución».

«La guerra explica nuestro tiempo y hay infinidad de cuestiones que hemos de aquilatar», comenta Moradiellos que coincide con su maestro Preston en que el tema no está agotado, en que se dan interpretaciones «interesadas y torticeras» del conflicto y «en que hay que despertar el interés de los jóvenes. «La historia debe proporcionar elementos de juicio para comprender los problemas del presente con origen en el pasado. Y eso no se puede hacer con microscópicos estudios muy limitados en el tiempo», sostiene. Pretende con su libro «salir de círculo de especialistas» y dirigirse «a un público general, formado que rehuye el maniqueísmo y predispuesto a entender que las cosas del pasado son tan complejas como las del presente. Que no es todo blanco y negro ni bueno o malo. Que, como diría primo Levi, hay un amplio registro de grises entre lo blanco y lo negro». «Buena parte de la memoria histórica se trasmite hoy a través de la literatura y el cine y eso es peligroso», apunta. Son lenguajes que tienden más a la simplificación y al maniqueísmo, a eliminar el elemento complejo y polivalente que puede permitir la historia escrita», dice reivindicando el libro. Octavio Ruiz-Manjón (Córdoba, 1945) es el autor de 'Algunos hombres buenos' (Espasa), ensayo que pone cara a protagonistas olvidados que vieron con claridad en la barbarie. «Hay mucha estadística de la violencia y los números eclipsan los comportamientos individuales, muchos dignos de memoria», dice el catedrático de historia. Ruiz-Manjón rescata a personajes sobre los que ha buceado en archivos judiciales y militares, «donde están las causas militares que se hicieron tras la guerra por motivos de depuración». Como Antonio Escobar, Guardia Civil republicano y católico; Melchor Rodríguez, torero, reo y carcelero humanitario o el catedrático vasco Manuel de Irujo.

«El gran relato histórico de la guerra está bastante bien cerrado desde hace tiempo y es bueno. Pero emocionalmente sigue abierto para las víctimas y hay heridas que supuran», apunta. «Siempre habrá qué preguntarse desde nuevas perspectivas y prismas, y creo que es innovador subrayar los comportamientos individuales, algo que casi nadie había hecho», asegura.

Cree, con todo, que «el aprovechamiento político de la guerra aún está vigente». «Parece que se quisiera reescribir en algunos sentidos con interpretaciones interesadas», lamenta el historiador que comparte con Ortega y Gasset «el tedio ante la insistencia en la represión y en las cifras sobre quién mató más y quién menos». «Mira, si es cuestión de estadística a mí eso no me interesa», dijo el pensador. «Las estadísticas pueden estar bien, pero siempre que no oculten meritorias acciones dignas de ser contados», apunta el historiador que pone como ejemplo a Julián Besteiro y Falla.

En la antípodas de Preston está el hispanista Stanley G. Payne (Denton, Texas, 1934) que en 'El camino del 18 de julio' (Espasa) sostiene que el alzamiento «podría haberse evitado». Asegura que el Gobierno republicano lo permitirlo «para luego aplastarlo fácilmente», al entender que el Ejército «era un tigre de papel». «Las causas de la Guerra Civil han sido siempre bastante claras. Es el efecto del proceso revolucionario en España, pero el desenlace podría haber sido muy diferente», dice el catedrático emérito de Historia de la Universidad de Wisconsin-Madison.