Mordaz agitador de conciencias

Javier Krahe, que comenzó su carrera emulando a Georges Brassens en los 70, publicó su último disco a finales del 2013. ::  Esteban Martinena/
Javier Krahe, que comenzó su carrera emulando a Georges Brassens en los 70, publicó su último disco a finales del 2013. :: Esteban Martinena

Antijuglar cáustico y azote de biempensantes, deja 150 canciones en una quincena de discos grabados en 35 años

MIGUEL LORENCI MADRID.

Javier Krahe tenía cita con la muerte en Zahara de los Atunes. El mordaz cantautor, el satírico e irreverente compositor, azote de biempensantes y agitador de conciencias acomodadas, falleció el domingo de madrugada. Un infarto segó su vida en su casa de la costa gaditana, rodeado de los suyos. El 30 de marzo había cumplido 71 años este ácrata culto, cáustico y jocoso, portentoso ajedrecista, fumador irredento, brillante conversador y fidelísimo amigo de sus amigos. Sus restos serán incinerados mañana en Madrid.

Como Nicanor Parra encarnó la antipoesía, ha sido Krahe un genuino antijuglar. Si los trovadores recitaban versos complacientes para reyes y magnates a cambio de dádivas, Krahe ofrecía dentelladas y puñetazos con rimas envenenadas que regalaba a su público a cambio de afecto y empatía. Tenía muy claro que donde hay dinero «no se lleva lo que yo hago». Comercializó, con todo, un buen puñado de discos con cerca de 150 canciones con las que confirmó su decidida vocación de mosca cojonera, dispuesto siempre a cantar verdades incomodas con una voz grave, áspera pero cálida y más que característica.

Controvertido, ácido, siempre divertido y polémico, se definía a sí mismo como un «fuera de la grey». Quiso ser el Georges Brassens español y se labró una carrera sostenida pero con altibajos, huyendo del primerísimo plano y en la que la sátira y la provocación fueron una marca y una carga. Compañero de fatigas de Joaquín Sabina en los 80, grabó quince discos en 35 años y dio 1.500 conciertos.

Javier Krahe de Salas nació en Madrid el 30 de marzo de 1944, en el céntrico y acomodado barrio de Salamanca. Estudió en el Colegio del Pilar, el de Aznar y tantos líderes, dirigentes y empresarios en las antípodas de su forma de ser y de pensar. Cursó un año de Empresariales, pero abandonó para fracasar en el cine como ayudante de dirección.

Mientras hacía la mili conoció a Annick, la canadiense que se convertiría en su esposa, y se trasladó a Montreal, donde iniciaría su incierta carrera de letrista mientras trabajaba en una librería. Lo echaron por prestar más atención a la lectura que a las ventas y los clientes. Sus modelos eran Leonard Cohen y Georges Brassens, de quien tradujo y adaptó canciones -Su 'Marieta' es memorable-. Su hermano puso música a sus primeras letras, que interpretaron colegas pioneros en la canción protesta como Rosa León.

De vuelta a España en 1972, otro inadaptado y más que crítico con el sistema y sus manejos, Chicho Sánchez Ferlosio, le anima a actuar en locales como 'La Aurora', en el madrileño barrio de Malasaña, donde se cocinaba la movida y donde se asoció con Joaquín Sabina y Alberto Pérez. El heterogéneo trío grabó en 1981 un disco legendario, 'La Mandrágora', con el nombre del local que los acogió. Como trío ganaron fama en televisión gracias al iconoclasta, fresco y rompedor programa de TVE 'Si yo fuera presidente', de Fernando García Tola, que encajaba como anillo al dedo en el espíritu burlón, anarcoide y contestatario de Krahe. Mientras que Sabina crecía como estrella y llenaba estadios y plazas de toros, Krahe se mantuvo fiel a pequeños locales como el Café Central de Madrid.

Se había pateado mil garitos antes de debutar como solista con el disco 'Valle de lágrimas', en el que perfila su estilo corrosivo y sarcástico, con sus vitriólicas rimas y compases muy básicos. En los discos siguientes los arreglos se hicieron más complejos, con notas de jazz y otras sonoridades. Grabó a mediados de los 80 'Aparejo de fortuna', 'Corral de cuernos' y 'Haz lo que quieras'.

En 1986 TVE censuró su canción 'Cuervo ingenuo', en la que satirizaba la ambigüedad ideológica del PSOE y de Felipe González ante la entrada en la OTAN. El tema debía emitirse como parte de un concierto de Joaquín Sabina.

En 1988 llegó 'Elígeme', un directo en la homónima sala madrileña con temas como 'La hoguera', '¡Olé tus tetas!' y 'Villatripas'. Funda por entonces la discográfica independiente '18 Chulos' junto a Pepín Tre, Santiago Segura, el Gran Wyoming, Faemino y Pablo Carbonell, y con ella edita discos como 'Dolor de garganta', 'Cábalas y cicatrices', 'Cinturón negro de karaoke', 'Querencias y extravíos', 'Toser y cantar', 'En el Café Central de Madrid' y 'Todo es vanidad'. Cierra su discografía con 'Sacrificio de dama', 'Versos de tornillo' y 'Las diez de últimas'.

Durante una década afrontó denuncias y diatribas por una polémica iniciada en 2004, cuando Canal Plus emitió un documental sobre su vida que incluía un vídeo con la receta para cocinar un crucifijo asado con mantequilla. Sufrió Krahe una campaña de acoso de los sectores más retrógrados. Se plantearon dos querellas por atentar contra los sentimientos religiosos que serían archivadas. Otra, promovida por el Centro Jurídico Tomás Moro, llegó a juicio en mayo de 2012. Fue absuelto. El juez entendió que la sátira no se había realizado con intención de ofende y definió certeramente a Krahe al sentenciar que «con un componente burlesco, hizo una crítica del fenómeno religioso en nuestra sociedad».

De su talante inconformista, bohemio y ácrata da prueba el último disco que lanzó en 2013. Titulado 'Las diez de últimas', en un guiño a la baza definitiva en el juego del tute, lo publicó acompañado de 'Derecho a la pereza', el opúsculo de Paul Lafargue, yerno de Karl Marx. Quería que tomaran ejemplo «la caterva de políticos con los que contamos, que actúan de mala fe y con mala idea».

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