Atracos en familia para el cine de Spielberg

Roslund (izqda) y Thunberg, coautores de la novela que rodará Dreamworks. /
Roslund (izqda) y Thunberg, coautores de la novela que rodará Dreamworks.

El hermano honrado del clan Sumonja narra con Anders Roslund la salvaje peripecia de 'los Dalton suecos'

MIGUEL LORENCI

Madrid. Durante tres años tuvieron contra las cuerdas a la Policía y desquiciaron a los bancos suecos. Son los Sumonja, una ultraviolenta banda familiar que asaltó bancos y arsenales sin que nadie pudiera remediarlo. Los bancos se vieron obligados a cambiar sistemas y protocolos de seguridad y la Policía se aplicó para ponerlos a la sombra a finales de 1993. Tres hermanos, un padre despótico, alcohólico y maltratador y un amiguete configuraron la violenta piña de eficaces, inteligentes y escurridizos atracadores. Su historia ha seducido a Steven Spielberg, cuya productora Dreamworks trabaja ya en elaborar el guión. Se basará en 'Nosotros contra el mundo' (Suma de Letras) la novela que firman el hermano honrado de la familia, el hoy guionista Stefan Thunberg, y el veterano periodista y novelista sueco Anders Roslund.

«Sabía todo lo que hacían mis hermanos. Nuestra confianza era ciega. Les veía planear sus acciones y quería estar en la banda. Era joven e irresponsable y solo veía la parte emocionante de los atracos y la huída», explica Thunberg, en visita promocional a España junto a Roslud. Veía la violenta aventura de su familia «como una película que te cuentan y te gustaría ver». La ley sueca exime a un familiar de declarar contra los suyos, de modo que Thunberg, cómplice por omisión, eludió la cárcel en la que sus tres hermanos y su padre pasaron entre cuatro y catorce años, y culmino sus estudios. Él, como todos en la familia, enterró el apellido Sumonja. En la novela se convierten en los Djûvnac.

Anders Roslund, afamado periodista de investigación con muchos años de servicio en la televisión sueca, realizó la profusa investigación en sumarios y causas y pergeñó el grueso de relato «como un corredor de fondo». Thunberg, testigo privilegiado con información de primera mano, actuó «como un jugador de hockey que entra unos minutos a la pista para hacer un ataque decisivo en una acción explosiva», según el antiguo periodista y desde hace quince años autor de novelas negras.

«Nos entendimos a las mil maravillas y coincidimos a la hora de identificar el núcleo, el latido y el alma de la historia», explica Roslund que, como Thunberg, fue víctima de un padre violento. La figura del progenitor alcohólico y maltratador, encarcelado por intentar asesinara a su esposa ante sus hijos y de quien querían huir es «la espina dorsal» del relato. Entre realidad y fábula, alterna la trama policíaca con consideraciones sobre el amor fraternal, la culpa y la «inquebrantable lealtad impuesta por el padre, que situó a los Sumonja contra el mundo, y cuyo moldeo emulan primero pero contra el que acabarán rebelándose».

Estos 'Dalton escandinavos' irrumpieron en la historia el 16 de septiembre de 1991. Los tres hermanos y dos compinches asaltaron un depósito de armas del Ejército sueco y se apoderaron de más de 200 piezas, 120 ametralladoras y 100 fusiles. No dejaron huellas y su osada tropelía tardó seis meses en descubrirse. Armados hasta los dientes, encadenaron atracos a bancos efectuados con pasmosa rapidez y eficacia. En menos de tres minutos y bajo ráfagas de ametralladora, limpiaban las cajas. «Hubo heridos y daños morales y psicológicos, pero es un milagro que no muriera nadie», explican hoy los narradores.

La materia gris la ponía el hermano mayor, cuya privilegiada inteligencia fue espoleada por el padre. La Policía, que buscaba exmilitares y atracadores curtidos, aún no se explica cómo aquellos jovenzuelos sin antecedente ni experiencia en el truculento 'negocio' pudieran planificar y ejecutar sus atracos con tanta eficacia. Cómo unos chavales con menos de veinte años pudieron actuar sin dejar huellas -llegaron a atracar tres bancos en un día- y esconder el botín en un sofisticado zulo en la vivienda familiar.

No serían detenidos hasta diciembre de 1993, gracia al empeño de un policía convertido en la novela en John Broncks. Thunberg vio por televisión en Nochebuena como todos los informativos abrían con el cerco policial a su familia. Tuvo que disimular y guardar el tipo. Cenaba con la familia de su novia y no pudo explicar que el sudor frío que le empapaba se debía a la presencia en la pantalla eran sus hermanos y su padre. Como periodista, Roslund cubrió para la televisión tanto los atracos de los Sumonja -«Que fascinaron al sociedad sueca»-, como la simulación de un atentado con bomba en la estación central de Estocolmo que conmocionó a la capital sueca. «Es mi mejor novela. Me ha permitido explorar a fondo temas que no había abordado antes», se ufana Roslund, habitual en la listas de libro más vendidos en su país y premiado por sus otras intrigas policíacas, escritas al alimón con el exconvicto Börgem Helström. «El puto libro es fantástico, pero te odio», le espetó uno de sus hermanos, con la novela ya publicada. Tras mucho tiempo sin hablarse, acaban de retomar el contacto. Como el padre, ningún hermano quiso tomar parte en la novela, en la que sí colaboró la madre.