Inventores a toda máquina

Dos españoles solicitaron a lo largo de 2013 más patentes que cualquier universidad o empresa del país

BORJA ROBERT MADRID.

En la Oficina Española de Patentes y Marcas (OEPM) son famosos. Solicitan, de media, más de una patente por semana. Más que cualquier universidad española, y solo por detrás de una gran multinacional (BSH Electrodomésticos) y del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC, la principal institución académica del país). En el 2013, Manuel Muñoz y Francisco Javier Porras comenzaron los trámites para que se les reconozca como autores -con derecho a explotarlos en exclusiva- de 64 y 61 inventos respectivamente. ¿Cómo puede ser?

«Cuando se me mete un problema entre ceja y ceja tengo que resolverlo», asegura Porras. Psicólogo de carrera, aunque no ejerce, explica que se ha dedicado a inventar toda su vida. «Me gusta mucho la invención», aclara. «Aunque empecé a solicitar patentes hace 17 o 18 años». Entre sus diseños hay de todo. Cilindros de almacenamiento de agua para luchar contra la crecida del nivel del mar, aviones, submarinos o un exprimidor de cítricos. «Me interesan todos los apartados de la física y de la ingeniería», afirma. Aun así, reconoce que, aunque lleva a cabo los trámites para proteger sus ideas, no ha construido ninguno de sus inventos. De momento, dice, se ha centrado en perfeccionarlos poco a poco. «Aunque este año he frenado bastante. Tengo más cosas en la cabeza», apunta.

Muñoz asegura que lo suyo comenzó como una afición. «Era oficial técnico de vuelo». «Mis conocimientos eran muy generales y eso ayuda. Soy una persona muy curiosa, me gusta conocer el funcionamiento de las cosas». Ha dedicado muchos años a inventar. Cuando identifica un problema le busca soluciones. Entre sus diseños hay propulsores de despegue vertical para aviones o un mecanismo para evitar apneas del sueño. «Tengo concedidas más de 300 patentes», añade, aunque dice ahora ya no tiene los derechos sobre tantas. «Muchas las vas abandonando», dice. «Ahora tendré, concedidas y activas, 10 o 12». En los registros se encuentran patentes suyas de principios de los 80. Asegura que sí ha fabricado, por su cuenta, alguno de sus inventos.

Solicitar una patente -en lo que son tercero y cuarto en España- solo es el primer paso. La OEPM debe estudiarla y decidir si la concede o no. Aun así, en España, el trámite entre la solicitud y la concesión puede ser casi exclusivamente económico. «Con independencia de lo que el examinador opine, la patente se concede», explica un experto en la materia.

Cuando alguien hace una solicitud recibe un informe del estado de la técnica. En este se evalúa con qué otras patentes puede entrar en conflicto. «Y en vista de eso el solicitante decide», afirma. «Pero si quiere la patente se la dan. Si te empeñas, puedes patentar la rueda».

Prórrogas y exámenes

En otros países, junto a este primer trámite, se realiza un examen a fondo que evalúa la novedad, la actividad inventiva y la aplicación industrial de la idea que se presenta. Si no cumple los requisitos, se deniega. En España, asegura el experto, el examen a fondo es opcional -y cuesta dinero- por lo que mucha gente no lo solicita. «No es problema de la OEPM, es problema de la ley, que es así». Los límites para patentar son pocos y principalmente económicos.

Los móviles perpetuos son casi lo único que se descarta directamente. «Si es opcional por qué lo voy a pagar», se pregunta Muñoz. En total, de media, una patente puede costar unos 1.000 euros, más una cuota anual por mantenerla que crece hasta los 20 años, cuando el invento pasa al dominio público.

Ni Muñoz ni Porras han hecho, afirman, negocio con sus patentes. Nadie se ha interesado por fabricar sus diseños, ni poner en práctica sus ideas. «No sé cómo se nutren de nuevos inventos las empresas», dice Porras. «En España es difícil vender patentes». En general, él prorroga el pago de las tasas -lo permite la norma- hasta el momento en que se la conceden. Luego no paga y la patente caduca. Muñoz, por su parte, asegura que está frustrado. «Dicen que si patento por patentar. Yo patento para ver si alguna sale para adelante», asevera. «Sigo con el tema hasta que un día me canse y lo mande todo a hacer puñetas». La OEPM ya tiene un anteproyecto de Ley de Patentes que contempla exigir a cualquier solicitante el examen a fondo que ahora es opcional. Y también eliminar una prorroga de las tasas que contempla la legislación actual.