Santurde de Rioja ayuda a una mujer marroquí con cinco hijos a integrarse en el pueblo

La concejal María Ascensión Voto; el alcalde, Isaac Palacios, y el maestro jubilado Ángel de la Riva, en la plaza de la localidad. :: albo/
La concejal María Ascensión Voto; el alcalde, Isaac Palacios, y el maestro jubilado Ángel de la Riva, en la plaza de la localidad. :: albo

Ayuntamiento y vecinos se encontraron con una mujer desmotivada, desesperanzada, anulada, pero también muy fuerte

Javier Albo
JAVIER ALBOSanto Domingo

Aisha es un nombre ficticio de mujer, lo único irreal de esta historia, porque la portadora del verdadero desea mantener el anonimato por encima de todo. Detrás de él hay no una sino seis vidas, pero también migración, dolor, penurias económicas, desesperación y un largo viaje, no solo físico también anímico, con un final feliz en un lugar que, para ella, debe ser lo más parecido al paraíso. Ese destino se llama Santurde de Rioja.

Aisha, divorciada, tiene 30 años y cinco hijos. Cuatro de ellos nacieron en España y la mayor, en Marruecos, de donde salió hace doce años en busca, no de una vida mejor, sino de una vida. «Allí no había trabajo», dice. Junto a su familia -actualmente está divorciada- peregrinó por diversas localidades de La Rioja, ganándose la vida como mejor podían: Arenzana de Abajo, Alesanco, Badarán, Azofra, Baños de Río Tobía, Logroño... y Santurde de Rioja.

Ella no sabía nada de esto, pero antes de recalar en la localidad riojalteña, su Ayuntamiento andaba ya revolviendo en la solidaridad, inicialmente para acoger a refugiados sirios. Cuenta el alcalde, Isaac Palacios, que desde la Consejería de Servicios Sociales del Gobierno de La Rioja les pusieron en contacto con una familia compuesta por los padres y dos hijos, que rechazaron vivir en Santurde de Rioja. Otro tanto les pasó con otra familia. Y entonces, a través de Cruz Roja de Logroño, supieron de Aisha y sus cinco hijos. En este caso habría un beneficio mutuo, porque la escuela de la localidad caminaba por la cuerda floja de su existencia debido a la falta de alumnos y la matriculación de los pequeños supondría un buen espaldarazo para su continuidad.

«Se me cayó el alma al suelo cuando los vi. Mi sensación fue que somos unos privilegiados»

Ella y su prole dijeron sí. Fue entonces cuando el Ayuntamiento comenzó a planificar mucho más que una acogida. Lo explica el alcalde: «Además de que el pueblo de Santurde de Rioja haga un esfuerzo económico para hacer una obra social y poner nuestro granito de arena dentro de las dificultades que hay en estos momentos en el mundo, hacen falta otras cosas. Parece que todo se hace con dinero, pero no es así. Cuando viene una familia a un sitio en el que no ha vivido, lo que necesita es gente que le ayude a integrarse. Esos son los pasos que tuvimos que empezar a dar. ¿Cómo? Poniéndoles personas que les ayuden, les enseñen y acostumbren a integrarse dentro del conjunto del pueblo», relata.

Esas personas, voluntarias, son la concejal María Ascensión Voto, a quien en realidad todos conocen como Mari Asun, y Ángel de la Riva, un maestro jubilado: ellos han sido, desde que la mujer y sus cinco hijos llegaron a la localidad a principios de septiembre del pasado año 2017, el báculo de su integración en el municipio.

«Se me cayó el alma a los pies cuando les vi», cuenta Mari Asun. «Mi sensación fue que éramos unos privilegiados de la vida. Delante de mí tenía a una mujer joven con cinco niños, sola, sin trabajo, sin recursos, una casa en la que estar... Aquellos niños que miraban todo diciendo, dónde hemos venido... Se me abrió el corazón y pensé que necesitaban mucha ayuda. Y he hecho todo lo que he podido por ellos», indica la edil. Y es que se encontraron con una mujer desmotivada, desesperanzada, anulada, pero también muy fuerte. «No era alguien acostumbrada a tener iniciativa», dice Ángel. Mari Asun abunda en ello: «Lo que queremos es que ella empiece a coger las riendas de su vida. Es una mujer muy joven, que tiene que olvidarse de muchas cosas y luchar por sus hijos», dice.

Al ofrecerse como destino de la familia, Santurde de Rioja desplegó un mecanismo de ayuda que, en los primeros meses, también llegó de Cáritas. El Ayuntamiento puso a su disposición una vivienda y sufragó todos los gastos de la misma. Ahora los paga ella, con excepción del arrendamiento. Además, el Consistorio la ha contratado 4 horas semanales en labores de limpieza de instalaciones municipales. Los niños se benefician, igual que el resto de los alumnos, de las ventajas que da matricularse en la escuela.

Así las cosas, la pretendida integración va cristalizando cada día, pese a la diferencia cultural abismal, y haciéndose algo tangible, perceptible. «Es una más en el pueblo, que es de lo que se trata», asegura el alcalde, que la recuerda colaborando en los diversos actos que jalonan la vida municipal, incluido el ámbito festero. Palacios remarca « la solidaridad de Santurde como pueblo, porque no ha habido nadie que se haya quejado, al contrario». Y lo explica: «Si el ayuntamiento hace cualquier otra cosa, por ejemplo, arreglar la plaza, ten por seguro que va a salir gente que diga que no le gusta esto o lo otro, que está mal... Pero en este asunto ha habido una unanimidad absoluta, porque el pueblo entero ha sido solidario», indica.

Muchas cosas han cambiado en estos quince últimos meses. «Traían la pena reflejada en sus rostros y ahora son niños alegres», dice Mari Asun. Aisha también: «No me esperaba tan buena acogida», dice. Ya no piensa volver a Marruecos. En Santurde de Rioja, encontró, por fin, la posibilidad de vivir; la dignidad.

 

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