Santo Domingo vive el llenazo

Las doncellas junto con los danzadores, en una procesión cargada de símbolos. Este acto es la máxima representación de la caridad ejercida por Domingo García. /Javier Albo
Las doncellas junto con los danzadores, en una procesión cargada de símbolos. Este acto es la máxima representación de la caridad ejercida por Domingo García. / Javier Albo

Las procesiones de las doncellas y de La Rueda abarrotaron las festivas calles

Javier Albo
JAVIER ALBOSanto Domingo

Día intenso donde los haya, el vivido en Santo Domingo de la Calzada. Lo es cada 11 de mayo, puesto que en él concurren los actos más vistosos y populares de las fiestas: la procesión del Pan del Santo y del Peregrino, la de La Rueda, la cebolleta... Y a esto se sumó ayer el concierto de Marea, que fue una pleamar de gente, contenida en la plaza de España pero que se desparramó antes y después por toda la ciudad. El resultado de la suma fue un ambientazo total.

El día amaneció gris e, incluso, llovió débilmente desde las 10 horas, lo que ensombreció los ánimos de las 39 doncellas que iban a participar en la procesión y, en general, de todo el mundo. Estos son días para que el sol dé más lustre a los actos. Afortunadamente, paró de llover poco antes del mediodía, lo que permitió al singular cortejo, cargado de simbolismo, celebrarse con toda normalidad entre calles atestadas de público, hasta que las jóvenes llegaron al hospital y repartieron entre los abuelos los molletes que portaban sobre sus cestaños.

Después volvieron a la casa de la Cofradía del Santo, donde celebraron un almuerzo en la mesa que los priores, Jesús Martínez y Dolores Sánchez, habían preparado para ellas con muy buen gusto, por el que les llovieron las felicitaciones.

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Esta es el máximo símbolo de la caridad ejercida por el patrón de la ciudad, del que las fiestas cuentan su vida. Y esta siguió por la tarde, con la multitudinaria procesión cívico-religiosa de La Rueda, que arrancó después de que el alcalde, Agustín García Metola, dirigiera a sus portadores unas palabras y fuera cantada por Ángel González, que dedicó la 'jota' a Manuel Puras Franco y Paco Formoso. En la plaza del Santo fue saludada por el abanderado municipal, el concejal David Marín, y, después, bailada en el arco del Cristo. Tras ser introducida al templo se realizó la tradicional ofrenda de velas y fue izada mientras la Coral Calceatense interpretaba el villancico Resuene, que llenó el acto de emotividad. Posteriormente, todos se fueron a por la cebolleta y a seguir la fiesta. La noche venía larga.