Recordar la leyenda a dos carrillos

Reparto de caparrones, ayer junto a la Cruz de los Valientes. :: albo/
Reparto de caparrones, ayer junto a la Cruz de los Valientes. :: albo

Javier Albo
JAVIER ALBOSanto Domingo

Santo Domingo de la Calzada y Grañón volvieron a encontrarse ayer allá donde una enorme cruz, al lado de la autovía A-12, recuerda una de las leyendas más populares de La Rioja, evocadora de un litigio por la propiedad de una dehesa que se solventó, para evitar un gran derramamiento de sangre, con una lucha cuerpo a cuerpo entre un representante de cada una de las localidades.

En la ciudad calceatense, por supuesto en tono jocoso, dicen algunos que la leyenda -al menos la versión más extendida- la debió de escribir alguien de Grañón: primero, porque gana uno de sus vecinos, Martín García, alimentado con las habas de la tierra, y, además, porque el 'valiente' calceatense no tiene siquiera nombre -la historia olvida a los perdedores- y se le presenta como bastante chulesco, en exceso confiado en su estratagema de presentarse desnudo, cubierto todo su cuerpo de grasa para que el grañonero no pudiera asirle. No contaba con la fuerza y habilidad de Martín, que escribió para la leyenda un final poco ortodoxo pero sumamente efectivo, al introducir su dedo corazón en el ano de su contrincante para levantarlo, estrellarlo contra el suelo y ganar la dehesa para Grañón.

Aquella disputa dio pie a una leyenda, a cuya vera, hace 23 años, surgió el confraternizador encuentro organizado por las asociaciones Ayuela y Amigos de la Ermita de Carrasquedo, con la colaboración de los ayuntamientos de ambas localidades. Este año le tocaba intervenir a Ayuela y su presidente, José Ignacio Palacios, leyó un poema escrito por Francisco Javier Díez Morrás, que concluía con las siguientes estrofas: «Dice que ganó el de Grañón, la leyenda conservada/, el argumento no falló, la cuestión quedó zanjada./ Tan famosa fue la lid que a ambos 'valientes' proclama./ A fe que no hubo en el mundo disputa tan alabada./ Como que hoy une a dos pueblos en copiosa caparronada.

Cuarenta y dos kilos se repartieron de caparrones, muy religiosos por bendecidos y bien acompañados de 'sacramentos', preparados por las cocineras de Santo Domingo de la Calzada. Algunas personas solo llegaron a ver el fondo de las cazuelas. Así, a dos carrillos, se recuerda cada año la leyenda de los valientes.