Plumas para la última romería

Procesión tras la misa, por los alrededores de la ermita./Javier Albo
Procesión tras la misa, por los alrededores de la ermita. / Javier Albo

Los calceatenses evocaron el milagro del ahorcado y del gallo y la gallina

Javier Albo
JAVIER ALBOSanto Domingo

No importa que en el calendario sea la última romería ni tampoco que sea la menos popular de las seis que la ciudad calceatense celebra cada año, algo, sin duda, atribuible a la fecha. Pero justo es pensar que por orden de importancia debiera ser la primera, porque si hay algo que hizo que la ciudad sobresaliera en el mapa no fue otra cosa que el milagro del peregrino ahorcado y la portentosa resurrección de las aves, que hizo de aquella urbe un destino y dio pie al mejor eslogan que ha tenido: 'Santo Domingo de la Calzada, donde cantó la gallina después de asada'. De él se deriva, ya puestos, otro milagro más, fruto de la necesaria rima y una minucia en comparación con el resto: las gallinas no cantan.

Los calceatenses recordaron ayer este milagro -declarado Bien de Interés Cultural de carácter inmaterial en el año 2014-, con la romería que cada 13 de octubre se enmarca en la ermita de la Mesa del Santo, lugar en el que la toponimia también dejó escrita para la posteridad la localización de un espacio caritativo por parte del patrón de la ciudad.

Hasta allí se trasladaron los representantes del patronato de la ermita (Ayuntamiento, cabildo de la catedral y cofradía del Santo), por un paseo de La Carrera abierto a los sobresaltos, por cuanto suelta castañas con sus cáscaras de pinchos.

Su imagen presidió la eucaristía y también la procesión que, a su término, recorrió las campas del pequeño templo que abrió sus puertas al culto en el año 1890. Entre ambos actos se rindió un emotivo homenaje a Julián Velasco, del que el párroco destacó, entre otros valores humanos, su capacidad de trabajo. «Fue todo amor a su pueblo», dijo el familiar que recibió unas placas.

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Una comida de hermandad, el rosario, la rifa de la imagen del Santo y la música de la charanga completaron el programa de la romería, con la que compartió espacio la Asociación de Viudas Rioja Alta y su acostumbrada comida. Y, por supuesto, no faltaron el gallo y la gallina.