Un día de perros en las piscinas

Algunos de los perros participantes en la jornada, en la piscina de chapoteo/Javier Albo
Algunos de los perros participantes en la jornada, en la piscina de chapoteo / Javier Albo

Treinta y siete canes participaron el pasado domingo en la jornada de libre acceso en las instalaciones locales

Javier Albo
JAVIER ALBOSanto Domingo

Treinta y siete perros participaron el domingo en la jornada de puertas abiertas para canes en las piscinas municipales de Santo Domingo de la Calzada, organizada por la protectora Whanau, con la autorización del Ayuntamiento de la localidad.

La actividad, denominada 'Al agua perros. Pool party', se llevó a cabo durante las dos últimas horas de la temporada estival de baños y se precedió de cierta polémica, por la oposición de parte de la población a que los animales accedieran a las instalaciones.

Ajenos a todo ello, los perros amortizaron al máximo su experiencia, inédita en la ciudad. Algunos, los menos, se dieron un buen baño en el vaso grande, en algunos casos junto a sus dueños, pero fue la de chapoteo la preferida de la mayoría. Carreras, peleas jugando, revolcones por el suelo, bajo la atenta y divertida mirada de sus dueños. Los perros se lo pasaron... como cachorros.

Vanessa Eraña, presidenta de Whanau, mostró su satisfacción por el desarrollo de la actividad y auguró más ediciones. «Dueños y perros han disfrutado mucho y han tenido un comportamiento muy responsable, sin que haya habido ningún incidente», destacó como aspecto más positivo, no sin agradecer al Ayuntamiento y al veterinario Rubén García su colaboración. Los voluntarios revisaron al final las instalaciones por si hubiera algún desperfecto o excremento que limpiar. Todo estaba en orden.

El acceso de los perros incluyó una 'entrada solidaria' y estaba condicionado a que estos tuvieran chip y la cartilla sanitaria actualizada. Cada animal debía ir acompañado por su dueño y no se podían llevar juguetes, para evitar peleas por ellos. Algunos propietarios portaban pistolas de agua para separar a los animales en caso de pelea, pero no fueron necesarias. Los perros catalogados como potencialmente peligrosos (ppp) debían llevar bozal y no se permitía la entrada a hembras en celo.