Palhas nobles y toreo vulgar

Javier Sánchez Vara, en redondo con el tercero de la tarde, al que cortó dos orejas. :: Miguel Herreros/
Javier Sánchez Vara, en redondo con el tercero de la tarde, al que cortó dos orejas. :: Miguel Herreros

Sánchez Vara fue el gran triunfador de la tarde con tres orejas y Pacheco se conformó con una

PABLO GARCÍA MANCHA SANTO DOMINGO.

Javier Sánchez Vara es un coletudo veterano de mil batallas, bregado en pueblos y talanqueras y perito máximo en la ganadería portuguesa de Palha, a la que le estuvo a punto de cortar una oreja en Madrid. Hace tres años se las vio en Las Ventas con 'Cazarrata', de Joaquín Moreno Silva, y sobrevivió a uno de los morlacos más difíciles y ásperos que se han lidiado en el coso más importante del mundo. Ayer compareció en la plaza de Santo Domingo de la Calzada, con su terno gris y oro (prudente en alamares) y sin despeinarse se fajó con el torazo que abrió la corrida. Un animal cinqueño con pinta de reviejo de Rosa Rodrigues, que contrastaba con la fragilidad del coso por su enorme corpachón. Pero el gigante fue más fachada que otra cosa y tras parearlo con soltura (con un par al violín incluido) lo lanceó con precisión por ambos pitones en una faena lidiadora en la que fue deshaciéndose de las tarascadas del animal con la muleta como prenda defensiva. Las buenas gentes del lugar le premiaron con una oreja por su profesionalidad y rigor táctico.

El tercero fue otra cosa: bizco, escurrido de los cuartos traseros y silleto, embistió con alegría y prontitud desde que compareció en el ruedo. Sánchez Vara lo recibió a la verónica a toda velocidad y después fue intercalando otras suertes como chicuelinas y una media en el platillo. El toro se empleó en el caballo y Vara volvió a demostrar su superioridad con los palitroques. Pareó sin despeinarse y encontró toro en todos los terrenos. El morlaco luso tenía emoción, ritmo y embestía por abajo aunque sin demasiada clase.

Y el torero alcarreño, que no es un exquisito, planteó una faena efectista colocándose siempre en la pala del pitón en la que pasó una y otra vez al toro en una sucesión de series bastante ramplonas en las que destacó algún pase de pecho. Vara estuvo profesional y digno, pero sin embraguetarse con una embestida que merecía mucho más. Sin embargo, el público se conformó son su trasteo y tras una buena estocada le dieron dos orejas pedidas con clamor. Hubo quien solicitó la vuelta al redondel de toro, especialmente el grupo de amigos que acompañó al criador portugués.

Miguel Ángel Pacheco es un diestro gaditano muy nuevo y apunta al toreo largo contemporáneo. El primero de sus oponentes, que cerraba la cara con los dos pitones mejor presentados de la tarde, fue realmente noble. Un toro muy humillador, demasiado castigado en varas, que acabó rajado pero que tuvo varias series más que notables por ambos lados. Pacheco dio una serie muy buena con la mano izquierda templando al animal con los vuelos. Pero se lo sacó al tercio, retrasó la pierna contraria y se empeñó en el toreo monocorde y monocromo habitual de casi todas las tardes. El toro se puso tardo pero cuando metía la cara repetía en cinco o seis arrancadas muy por abajo y más que potables. Pudo cortar oreja, pero pinchó.

El último de la corrida fue el peor y la lidia tampoco ayudó a que mejorara la cosa, especialmente en el tercio de banderillas, donde ya se vio la mansedumbre del animal. Pacheco tiró de cercanías una y otra vez en un trasteo gris que sólo se salvó por la estocada efectiva aunque trasera y desprendida que le sirvió para cortar el último trofeo de la tarde.