A por hierro a Las Abejas

Reparto de las populares lentejas con oreja de lechón, comida mayoritaria ayer en la ciudad./Javier Albo
Reparto de las populares lentejas con oreja de lechón, comida mayoritaria ayer en la ciudad. / Javier Albo

Los calceatenses participaron ayer en la tradicional romería, en la que se sirvieron las populares lentejas con oreja de lechón

Javier Albo
JAVIER ALBOSanto Domingo

Como cada domingo de la Santísima Trinidad, los calceatenses acudieron a la ermita de Nuestra Señora de Las Abejas, donde dos romerías anuales mantienen viva, en muchos casos, la constancia de la existencia de este templo. Una se celebró el pasado martes, organizada por la cofradía de San Isidro; la otra, promovida por el Ayuntamiento, ayer. En esta última, algunos de los concejales del nuevo equipo de Gobierno socialista se 'estrenaron' en su desempeño y, como algo en lo que podría entenderse como una metáfora sobre el servicio al vecindario, ayudaron a repartir entre este las populares lentejas que, eso sí, no habían preparado ellos sino las infalibles cocineras que tan buen sabor de boca vienen dejando en esta ciudad desde hace décadas.

Prepararon unos cien kilos, generosamente aliñadas con la oreja de lechón que, además de condimentar el plato completa la rima de la cancioncilla que, aunque poco cantada, sigue anclada en la memoria colectiva: «Venimos de Las Abejas, venimos de la función, hemos comido lentejas, con oreja de lechón». Y eso es lo que hicieron ayer cientos de calceatenses. Muchos, in situ, con todo el despliegue que el desembarco campestre requiere. «Menuda movida para venir aquí», indicaba Carmen mientras sesgaba una tortilla en pinchos para unos hambrientos niños a su vera. Otros, la mayoría, habían cogido billete de ida y vuelta, y una vez conseguida su ración de tradición se fueron a dar cuenta de ella a otros lares.

Los actos se completaron con la entrada al recinto de la cofradía del Santo una vez que la campana respondió al lanzamiento de su cohete, costumbre que parece guardar relación con los tiempos en los que la ermita era un lazareto en el que se recluía a enfermos contagiosos y el acceso a la misma se regulaba de alguna forma. Tras ello se celebró una misa, cantada por la coral Santísima Trinidad, a cuyo término empezó el reparto. Por la tarde, la charanga Los Gallitos animó la jornada con su música.