La Fundación Gustavo Bueno recordó ayer a Marita Bueno por su centenario

La Fundación Gustavo Bueno recordó ayer a Marita Bueno por su centenario

Javier Albo
JAVIER ALBOSanto Domingo

La Fundación Gustavo Bueno recordó ayer, en el centenario de su nacimiento, a la que fue presidenta de su patronato durante 14 años, la calceatense Marita Bueno Martínez (1919-2010), hermana del filósofo Gustavo Bueno, una mujer que destacó en diversos campos que, en su época, estaban reservados prácticamente a los hombres.

Marita se licenció en Filosofía y Letras, sección de Historia, por la Universidad de Zaragoza. Antes había estudiado dos cursos en la universidad de Montpellier, donde recibió el certificado de estudios franceses y enseñó español. Ejerció como profesora en institutos de enseñanza media y escuelas, mientras desempeñaba en Madrid, por oposición, un puesto de jefe de Negociado en el Ministerio de Información y Turismo. Catorce años estuvo en este, hasta que pidió la excedencia para dedicarse en exclusiva a la docencia. Un año antes había recibido el título de catedrática de Francés, que ejerció primero en la Escuela Normal de Segovia (1967-1973) y después en la Escuela Universitaria de Formación del Profesorado de Educación General Básica 'Pablo Montesinos' de Madrid.

Persona inquieta donde las haya, en 1974 puso en marcha Pentalfa Ediciones, una entidad que inició su actividad con la publicación del libro 'La Metafísica Presocrática', de su hermano Gustavo Bueno. Abonada a la cultura, en sus diversas facetas, fue una gran aficionada al cine, al arte -perteneció a Amigos del Museo del Prado hasta su fallecimiento-, a la música -espectadora fija en los ciclos del Teatro Real y del Auditorio Nacional de Música-, y también a las actividades organizadas por el Centro Riojano de Madrid, además de viajera empedernida. Quiso en todo momento seguir en contacto con el mundo que le rodeaba, de ahí que, octogenaria ya, se convirtiese en una activa usuaria de internet, herramienta que le permitió cubrir las ansias de seguir aprendiendo que siempre tuvo.

Tras una fugaz enfermedad -«de cuya gravedad no llegó a saber», indica su familia-, murió en Madrid el 20 de diciembre de 2010. La hija primogénita de Gustavo Bueno Arnedillo, que fue médico de la ciudad, y de María Martínez Pérez, que vivían en la casa de la calle Mayor que hoy es sede de la Fundación Gustavo Bueno, está enterrada en el cementerio de su ciudad natal.