La calle se llena de sana alegría y cachondeo

La calle se llena de sana alegría y cachondeo

No se sabe el origen de las vueltas, aunque las interpretaciones son variadas, siendo la de dar la bienvenida al solsticio de verano la que tal vez tenga más lógica

Félix Domínguez
FÉLIX DOMÍNGUEZNájera

Si por algo se distinguen las fiestas de San Juan y San Pedro de Nájera es por la sana alegría y el cachondeo que se apodera de las calles, de manera especial los dos días más señalados de las mismas, los de las festividades que les dan nombre. Como bien dice el profesor Pérez Rodríguez, las vueltas najerinas «son la verdadera fiesta del honrado pueblo de Nájera y de bastantes pueblos convecinos».

Desde su comienzo, con ese símbolo de la cuba Venancia saliendo de su 'ultratumba' para anunciar a los cuatro puntos cardinales que las fechas de jolgorio en la ciudad han llegado, el verdadero espíritu festivo se desenvuelve por las calles, las del casco histórico y las del sector más moderno, de una u otra manera, la juerga acaba siendo una cosa a desarrollar al aire libre, no en vano, los festejos sirven de alguna manera para dar la bienvenida a la época estival y eso por estas latitudes significa calle y convivencia.

Pero cuando el cachondeo se muestra en su máxima expresión, es mientras se desarrollan las vueltas, con esas tonadillas en las que la música invita a moverse sin parar y sus letras a sonreír sin cortapisas, y como también dice el citado profesor «es en esta fiesta pagana, colectiva, sin organización oficial, donde cuerpos y almas se mezclan con absoluta espontaneidad en una danza alegre y despreocupada, donde brilla en toda su libertad el genio y la chispa popular».

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No se sabe su origen, aunque las interpretaciones son variadas, siendo la de dar la bienvenida al solsticio de verano la que tal vez tenga más lógica. El caso es que los najerinos y muchos otros forasteros, acuden cada año a la ciudad los días 24 y 29 de junio para participar en ellas.

Acuden y se involucran de tal manera que son la mayoría los que, arrancando con el baile alrededor del quiosco del Paseo de San Julián, luego siguen el ritmo bailando hasta llegar a la plaza de España, aunque para ello tengan que soportar que ese baile se desarrolle a paso lento, para tratar de llegar lo más tarde posible al final; a pesar de que por lo general esa danza se tenga que hacer bajo un calor sofocante; a expensas de tener que compartir sudores con una multitud en muchos casos desconocida; con la condición de saber que una vez metidos en la angostura de la calle Mayor, los apretujones van a ser cada vez mayores y que en muchos casos ya no tiene vuelta atrás. Pero vuelven.

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