«Para lograr la igualdad lo mejor es que nosotras mismas no nos diferenciemos»

Leticia Zorzano cuida de sus plantas de azafrán en su explotación de Agoncillo. :: díaz uriel/
Leticia Zorzano cuida de sus plantas de azafrán en su explotación de Agoncillo. :: díaz uriel

Zorzano considera que la presencia histórica de la mujer en el agro en La Riojaha favorecido que el paso al campo de jóvenes como ella se vea algo «normal»

P. HIDALGO

agoncillo. La joven de Agoncillo Leticia Zorzano tomó hace varios años las riendas de la explotación familiar de viñedo, olivo, almendro y cereal «como si de otro trabajo cualquiera se tratara».

Además de esto, ella apostó por complementar estos cultivos que había heredado de los suyos con el azafrán ecológico, lo que la convirtió en la única productora y comercializadora del 'oro rojo' en La Rioja. «Intento renovar la explotación que dirijo para hacerla más rentable», asegura.

Zorzano materializó hace cinco años su gran apuesta de cultivar azafrán, ya que «representa un complemento de renta muy bueno cuando tienes una finca pequeña». Su producción en ecológico sale a la venta bajo el nombre de Castillo de Aguas Mansas.

Con estudios de Ingeniería Agrícola, para Leticia el campo es su pasión y su lugar de trabajo, sin que en ningún momento su condición de mujer le haya hecho plantearse lo contrario. «Siempre he contado con el respaldo de mi familia y en el sector nunca me han dicho nada, ni he notado ninguna diferencia en el trato por ser mujer», asevera.

Pese a que la agricultura se ha considerado tradicionalmente como una actividad masculina (y aún hoy en día se mantiene fuertemente masculinizada), cree que a la «normalidad» con que se incorporó al sector ha contribuido el que en La Rioja a la mujer se le haya visto de forma histórica trabajando en el campo.

«En cualquier pueblo siempre ha habido un importante porcentaje de mujeres realizando tareas agrícolas», afirma.

Y es que, por ejemplo en momentos como en la vendimia, «todo el mundo colabora y no se discrimina a nadie», sostiene.

En opinión de esta joven agricultora de 38 años de edad, «la mejor forma de buscar la igualdad es que nosotras mismas no nos diferenciemos». «Cada uno trabaja en aquello en lo que puede aportar más a la sociedad», remarca y subraya que en esto no debe influir la condición de hombre o mujer. «Lo mejor es abordar las cosas con naturalidad y normalizar las situaciones».

Además, enfatiza que la mujer cuenta con «las mismas capacidades que el hombre para realizar cualquier trabajo». En el caso concreto del agro, considera que tanto a la una como al otro sólo se le deben exigir «formación y experiencia».

Distancia generacional

Más que entre los sexos, Leticia reconoce que las mayores diferencias o discrepancias en su sector las ha mantenido con personas de otras edades. «La gente mayor es más reticente a introducir avances que los jóvenes», apunta.

Y en eso, insiste, el ser agricultor o agricultora tiene poco que ver. «Las mayores diferencias las he encontrado con gente de otras generaciones, de ambos sexos, a la hora de llevar a cabo iniciativas de progreso», continúa.

Así, refiere que, por ejemplo, los agricultores de más edad no se posicionaron a favor de emprender un plan de regadíos en Agoncillo. «Los mayores no lo ven, cuando favorecería el trabajo y el progreso en el sector agrícola», relata.

Ella, una firme defensora de aplicar la innovación en el campo, opina que «resulta obligado realizar mejoras en el sector para resultar competitivos».

«Los mayores nos están frenando a los jóvenes a la hora de ser más eficientes», concluye.

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